🌊 Sonido del mar para acompañar la lectura:

sábado, 18 de julio de 2026

¿Qué hubiera sido de mí?

 

       Muchas veces me lo he preguntado, y amigos... es una cuestión que a todos nos ronda la cabeza en algún momento. Al principio, cuando era más joven, solía responder con rapidez que, de no haber tenido parálisis, habría sido profesor de primaria o salesiano. Siempre he sentido una profunda vocación hacia la enseñanza y una gran pasión por los niños, y en ese "otro camino" me imaginaba rodeado de ellos, guiando sus pasos.

Sin embargo, luego, con la madurez que te dan los años, me fui haciendo preguntas más profundas. Empecé a ver que la vida no es una línea recta. Si no tuviera parálisis, es verdad que hubiese ido al colegio de mis hermanos y, por lo tanto, me habría ahorrado las malas experiencias que tanto me han marcado de mayor. Pero al borrar lo malo, también borraría lo bueno: no conocería a mis "pilares", esas personas fundamentales que han sido mi apoyo y que Dios puso en mi camino con un propósito. Habría conocido a otras personas que me habrían influido en tal o cual dirección. Al final, Dios lo sabe y lleva los hilos de una manera que muchas veces no comprendemos.

Si cambio mi historia, cambia todo lo demás. Incluso mi familia hubiera sido de otra manera y circunstancia; nuestras vidas y sacrificios habrían sido distintos. Y, a su vez, mis amigos de hoy no serían los mismos, y yo no hubiera podido influir en sus vidas como lo he hecho. Cada paso que damos deja una huella en los demás.

Para ir aún más lejos, a veces lanzo una pregunta abierta: ¿qué pasaría si tus padres fuesen de... Camerún? Es una invitación a mirar más allá de nuestra propia realidad.

En resumen, no vale la pena lamentarse por lo que pudo ser, porque hay tantas variantes como formas de vida, y cada una tiene su propio sentido y su propia luz.


miércoles, 1 de julio de 2026

El precio de la calidez


 "Hola, Miguel, ¿cómo estás?..." Y no espera respuesta.

Seguro que te ha pasado. Alguien te cruza por la calle, suelta la pregunta automática y sigue de largo sin reducir el paso. Hoy en día nos saludamos por educación, pero nos escuchamos muy poco. Parece que nos cuesta regalar un minuto de nuestro tiempo.

Y esa frialdad se contagia a todo. El otro día pensaba en cómo han cambiado las cosas: ahora vas a tomar algo y el hielo te cuesta 10 céntimos. Antes, ponerte un par de cubitos era una atención al cliente, un gesto de bienvenida y cortesía para que te sintieras bien acogido. Hoy, hasta la frescura se factura. Hemos monetizado los pequeños detalles, y al hacerlo, las relaciones se vuelven tan impersonales como un tique de caja.

Cuando todo se mide en céntimos y en prisas, el corazón se va congelando.


martes, 9 de junio de 2026

El hogar que soñé (La distancia entre el contrato y el corazón)

 


Hay una gran diferencia entre tener una casa abierta y construir un hogar. Durante mucho tiempo, guardé en el corazón un proyecto de vida muy claro. En mi mente, la convivencia con mis dos cuidadoras no se dibujaba como una relación de jefe y empleadas. Yo no quería una estructura empresarial bajo mi techo; quería una familia.

Mi idea era hermosa en su sencillez: que fuéramos tres personas remando en la misma dirección. Soñaba con un ambiente familiar donde la palabra "trabajo" se diluyera para convertirse, simplemente, en "cosas que hacer juntos". Imaginaba un día a día donde el tiempo de descanso fluyera de forma natural por pura convivencia, y no regulado rígidamente por un reloj o por el derecho estricto a unas dos horas de pausa. Anhelaba una armonía limpia, libre de las rivalidades, los celos y las dinámicas competitivas que tan a menudo empañan los entornos laborales.

Sin embargo, la realidad ha llamado a la puerta con su propio lenguaje.

Con frecuencia, en nuestras conversaciones, ellas me confían las dificultades, los abusos o las malas experiencias que han sufrido en sus trabajos anteriores. Yo las escucho con respeto y empatía; entiendo perfectamente su punto de vista y las cicatrices que deja el mercado laboral. Pero, al hacerlo, no puedo evitar sentir una punzada de aislamiento. Ellas me desahogan sus penas como trabajadoras sin darse cuenta de que yo estoy al otro lado de la barrera. Escucho sus quejas laborales mientras, en silencio, mido y sufro las necesidades desatendidas del dependiente. Es la paradoja de comprender su postura, pero sentir que la mía —la de alguien que depende de sus manos para lo más básico— queda invisible a sus ojos.

Es duro aceptar que, a veces, la necesidad de un sueldo pesa más que la vocación de construir un vínculo. Descubrir que, al final del día, el entorno que tú visualizabas como un refugio de afecto mutuo es visto por la otra parte únicamente como un medio para ganar el pan, produce una decepción profunda. Es el choque entre el idealismo del corazón y la frialdad de las normas y los contratos.

No escribo esto desde el rencor. Dios me libre de juzgar a quien busca el sustento para los suyos. Entiendo que cada cual tiene su vida, sus cargas y sus prioridades fuera de estas cuatro paredes. Pero no puedo evitar sentir esa melancolía de lo que pudo haber sido y no fue.

Quizás el aprendizaje en este tramo del camino sea aceptar las cosas como son, sin perder la dignidad ni la gratitud por la ayuda recibida, pero protegiendo mi propio espacio emocional. Mi deseo de armonía sigue intacto, porque está en mi naturaleza. Aunque deba aceptar que las reglas del juego son distintas y que la barrera existe, no dejaré que la realidad apague la calidez con la que siempre he querido mirar al prójimo.

martes, 28 de abril de 2026

El valor de la confianza


 

Hacer la compra del mes con Maria es una de esas rutinas que dan orden a mi día. Todo iba con la normalidad de siempre: el carro lleno, saludos a los vecinos y el ambiente tranquilo del barrio. Sin embargo, a veces el mundo nos recuerda sus barreras en los detalles más inesperados.

Al llegar a la caja, el datáfono estaba demasiado alto. Intenté marcar el PIN, pero la posición me lo puso difícil y, tras tres intentos fallidos, la tarjeta se bloqueó. En ese momento, Maria, con la naturalidad de quien conoce bien mi día a día, no dudó: propuso pagar ella misma con su tarjeta.

Mientras terminaban de cobrar, me quedé pensando en la suerte de tenerla a mi lado. La confianza es un pilar invisible pero fundamental. Me pregunté qué habría pasado si Maria fuera nueva, si aún no nos conociéramos tanto. En situaciones así, contar con alguien de total confianza no solo resuelve un pago; te devuelve la calma cuando sientes que pierdes el control de la situación.

Esa mañana, la humanidad se contagió. El cajero nos trató con una delicadeza impecable y la gente en la cola, que normalmente vive pegada al reloj, esperó en silencio. Nadie resopló, nadie puso mala cara. Todos parecieron entender que hay momentos en los que la paciencia es el mejor regalo que podemos ofrecer al prójimo.

A veces, la vida nos pone obstáculos físicos para recordarnos que no somos islas. Hoy aprendí que, aunque el entorno no siempre esté diseñado a mi medida, la generosidad de Maria y la empatía de unos desconocidos son lo que realmente nivela el camino. Al final, ayudarnos los unos a los otros es la forma más sencilla y hermosa de caminar juntos.

viernes, 10 de abril de 2026

El silencio que nadie me dio


Aveces, la mayor dificultad no es el problema que uno tiene, sino la reacción de los demás. Hay una forma de soledad que ocurre cuando estás rodeado de gente, pero nadie te escucha. Hablan tanto y tan alto que su ruido acaba por ocultar lo que tú tienes que decir.


Esto me pasó en una convivencia de tres días con un grupo de amigos en málaga. Lo estábamos pasando muy bien, hasta que la segunda noche empecé a sentirme mal de la barriga. En ese momento, lo que yo necesitaba era calma, pero lo que recibí fue un caos de opiniones.

Todo el mundo hablaba a la vez. Todos daban su diagnóstico y su solución sin dejarme espacio para decir ni una palabra. Me sentí impotente porque nadie me dio la oportunidad de explicar que, para mí, ese dolor era algo habitual. En lugar de preguntarme a mí, que soy quien mejor conoce lo que le pasa a mi cuerpo, prefirieron gritar sus propias ideas. Esa sensación de que los demás hablen por ti, impidiéndote explicar lo que ocurre realmente, es la que genera una verdadera frustración.

Esta no es una situación aislada; es algo que me ocurre con demasiada frecuencia. Muchas personas no se detienen a entender que mis tiempos son diferentes. Al final, se establece una lucha desigual: sus gritos contra mi silencio forzado.

Es agotador tener la respuesta y saber perfectamente lo que te pasa, pero que el muro de palabras ajenas te impida sacarlo fuera. Esa impotencia te va encerrando en ti mismo. Te das cuenta de que, aunque te miren, no te están viendo realmente; están viendo lo que ellos creen, ignorando lo que yo siento.

Me gustaría que quienes lean esto comprendan que ayudar no es hablar más fuerte, ni dar la opinión más rápida. Ayudar es tener la paciencia de callar para que el otro pueda expresarse. A veces, el mayor respeto que se puede ofrecer es simplemente esperar a que la persona tome la palabra. Porque, al final, nadie sabe mejor lo que ocurre en mi cuerpo que yo mismo.

Solo pido eso: que no se atropelle mi voz con gritos, y que se me dé la oportunidad de contar mi propia historia


martes, 10 de marzo de 2026

Hacia una verdadera Inclusión

A veces me detengo a pensar en las palabras que usamos para hacernos la vida más fácil. Una de ellas, que suena con frecuencia en estos tiempos, es "inclusión". Es una palabra hermosa, llena de esperanza, pero a veces siento que en nuestra sociedad actual —tan volcada en lo inmediato y en los resultados— se nos queda un poco corta, como un traje que no termina de encajar.

Muchos sabeis que he dedicado tiempo y esfuerzo a formarme, a estudiar y a obtener mi titulación. Es un orgullo que guardo con cariño. Durante una etapa de mi vida, tuve la fortuna de trabajar en un centro para personas con discapacidad; un entorno amable y adecuado a mis circunstancias, donde mi presencia no era un muro, sino parte del paisaje. Allí me sentí útil y valorado, rodeado de comprensión.

Sin embargo, al mirar hacia el mundo exterior, hacia esa sociedad que corre sin mirar a los lados, sentí una pequeña punzada de realidad. A pesar de mis conocimientos y de mi título, las puertas de un empleo convencional se sentían mucho más pesadas de abrir. No es que hubiera maldad en el ambiente, es que el materialismo de hoy a veces nos hace olvidar que el valor de un profesional no solo está en su rapidez física, sino en su capacidad de aportar una mirada distinta, una templanza y una humanidad que no se enseñan en los libros.

Creo que la verdadera inclusión no es solo poner una rampa o cumplir con una norma técnica. Es algo más sencillo y, a la vez, más profundo: es tener la paciencia de ver a la persona antes que a su circunstancia. Es entender que un título tiene el mismo valor, se sostenga con las manos que se sostenga, incluso si esa mano tiene que apretar el bolígrafo con el puño debido a la espasticidad.

Desde mi rincón, este granito de arena no busca señalar culpables, sino invitarnos a todos a bajar un poco el ritmo. A entender que una sociedad es más rica no por lo que produce, sino por el espacio que sabe darle a cada uno de sus hijos, sin etiquetas y con las puertas abiertas de par en par.

Al final del día, estoy convencido de que para que la inclusión deje de ser un eslogan y se convierta en realidad, necesitamos un cambio que nazca de dentro. La verdadera barrera no es una escalera o un portal cerrado, sino esa tendencia a mirar solo nuestro propio camino. Para que quepamos todos, la sociedad debería aprender a ser un poco menos individualista y menos egoísta. En el momento en que dejemos de lado el "yo" para empezar a pensar en el "nosotros", ese puente de la inclusión se terminará de construir por sí solo.



jueves, 26 de febrero de 2026

Como cruce la calle por primera vez

Cuando iba al colegio puertosol, tendría uno 15 o 16 años, cogía el autobús escolar para ir. La parada estaba frente a mi casa, mi madre me cruzaba la calle pero un día no pudo recogerme, pase cerca de una hora hasta que la taquillera del cine me cruzo.

Pasado un tiempo mis padres me propusieron el reto de cruzar solo. Me asuste. En aquel tiempo había menos circulación, un paso de cebra pero sin semáforo.

A los primeros días iba con mi madre pero solo, sin cogerme de su brazo, una semanas después me esperaba en la acera opuesta, entonces ideamos que cogiera un pañuelo blanco y sacudirlo para llamar la atención de los conductores y, a la vez, darme mas seguridad; un día no aparecio, cruce solo por primera vez de verdad... mi madre estaba escondida en una tienda, cuando cruce salio y nos abrazamos Ya había superado otra barrera..


Hoy me doy cuenta de cuanto han pasado mis padres, cuantos temores, incertidumbres, riesgos... hoy quiera abrazarlos y...



sábado, 22 de noviembre de 2025

Nuestros padres fueron unos luchadores

He estado hablado con una madre un niño autista... no es fácil.

Ahora me doy cuento de mis padres lo héroes que han sido abriendo caminos en una época donde solo había dos caminos: casa o institución de subnormales, como se decía entonces.

Para mi eligieron la segunda opción, y no pararon de luchar hasta que consiguieron meterme en un colegio normal.

Mi primera logopeda fue Luchi, profesora de canto pues en aquellos tiempos no había esta titulación: otro logro. Fueron superando metas... selectividad que suspendí por falta de medios; pero deje esta necesidad.

Si, nuestros padres de aquellos tiempos fueron unos héroes.

sábado, 24 de mayo de 2025

El apagón


       

El día del famoso apagón me pillo tomando cafelito en la calle, al principio no me preocupe y seguí con mi café. Pero a lo largo de los minutos oí que era en todo el barrio y después que en España, no, y en Francia... creí que era un ataque de Putin.. paso 2 dos horas y decían que iba para largo.

Que hacer... los cajeros no funcionan, llevaba 10 euros en monedas, mi cuidadora, maría, subió a la casa en busca de comida; en el portal comimos un sanduish..

Ya eran las 4 de la tardes, había que subir los 8 pisos!! entre cuatro vecinos y mi fisioterapeuta, que por casualidad pasaba por la calle, me subieron, para colmo un vecino tiene mal el corazón, y mi afán era decirle que vigilase la silla eléctrica, pero en el fondo le decía eso para que no se esforzara. Aquella noche mi silla durmió en la clínica EURODENT, que, es de total confianza, allí me arreglan mis dientes.

Cuando llegue a casa estaba completamente ahogado, pero feliz de saber que no tengo vecinos sino verdaderos amigos, y un fisio con un gran corazón,


sábado, 8 de febrero de 2025

¡dios mío!

 




Reflexión a la expresión, ¡dios mío!.

Quien no ha utilizado esta expresión.. muchas veces, en tono de broma, me han contestado que era un egoísta, que dios es de todos

pensando un día me vino una idea. Esta expresión tiene mucho que decir.

Si Jesús no ha muerto por la humanidad entera, sino por cada uno individualmente, con nombre y apellido, si jesus ha muerto por mi, y jesus es la segunda persona de la santísima trinidad, quiere decir que dios es mio propiamente dicho


domingo, 22 de diciembre de 2024

Rencuentro con un amigo

 


El otro día cuando me paseaba vi a un matrimonio, estaba parados en la acera como si esperase alguien, al principio no le di importancia; pero al pasar cerca, lo reconocí: rafael, mi profesor de contabilidad y Trini. Pare y me volvi hacia ellos. Nos dimos un abrazo de los gordos.


Hacia nada menos que 40 años sin saber nada de ellos. Cuando nos despedimos empecé a recordar los buenos momentos que pase alli, en su academia. Tuve durante muchos años la zambombita que me regalo... la perdi en la inundación que tuve en mi casa. Cosas así es por lo que merece vivir...


Nunca me cansare de decir, estoy FABIOSAMENTE FELIZ.


miércoles, 19 de junio de 2024

La alegría de vivir

 


Me considero un hombre feliz, rabiosamente feliz, no tengo ningún problema grave, vivo lo mejor posible, me rio mucho, en la calle disfruto con las personas que me saludan, del sol, y de mi cervecita, porque no decirlo.


A veces pienso que piensan de mi, porque tan feliz... algunas personas dirán que no me doy cuenta de mi gran limitación, o inconsciente.


Muchas veces quisiera hablar de mi alegría de vivir. Pues radica en mi fe y esperanza en Dios, si no existiera mi vida no tendría sentido. Siempre he sido un optimista, que me gusta reir porque me siento hijo de Dios.

jueves, 18 de abril de 2024

Mi tita de Gerona

 

Estoy rabiosamente FELIZ, tengo unos muy buenos amigos de la infancia que viven en Gerona, y no los veía hacia ya unos años. Hacia unos meses que anunciaron la intención de venir a malaga, pensé que seria un deseo mas que un proyecto.

Pues no, afortunadamente me equivoque, vinieron a malaga con una sorpresa: su madre. Hacia mas de 40 años que no la veía y que cariñosamente la llamo tita, mi tita.

Nos dimos un abrazo que yo definiría como FUSIÓN NUCLEAR.

domingo, 18 de febrero de 2024

ENDORFINAS

 


Un amigo me dijo que había que crear endorfinas, Las endorfinas son neurotransmisores que estimulan el placer, la felicidad y la inhibición del dolor. Y tiene razón, hay que reír, divertirse salir de lo cotidiano…

El otro día  estaba paseando por el centro había unos jóvenes que proponían un juego a los que pasaban; acepte y empecé a jugar. Consistía en encestar una pelota en una papelera. Todos estaban pendiente de mí.

Jajaj no importa el resultado, 1 de 3 encestos, lo que si importa es que hice, aparte de  un esfuerzo, tuve un rato de felicidad… los que me conocéis sabéis mi frase… RABIOSAMENTE FELIZ.




miércoles, 20 de diciembre de 2023

Depedencia

Significa una situación de una persona que no puede valerse por sí misma. Pero, como dependiente pienso que hay mucho mas, pues no es solo ayudar sino suprir algo que no puedo hacer. Me explico, mucha gente me preguntan por mis cuidadores, si me ayudan; creo que no se dan cuenta que no solo es hacerme las cosa sino que es como si fuera yo: como me ha dicho un amigo, es prestar sus manos y pies.

Mi experiencia como dependiente es agridulce, me explico, es verdad que hacen lo posible por hacer las cosas bien,  y a la hora de la verdad se hace lo que digo, pero hay veces que me encuentro solo ante situaciones que antes mi madre las resolvía, como por ejemplo el deterioro que va cayendo la casa a lo largo de los años, estas cosas no son temas de cuidadores.

Otra cosa que me cuesta trabajo es poner limite entre empleado y amistad. Es una atopía formar una familia, lo he intentado pero hay cierta rivalidad estúpida entre cuidadores. Por mas que digo que son compañeros de trabajo y no un contrincante siempre hay recelos: he tirado la toalla a formar una familia.

Arriba he empleado la palabra trabajo, me aterra el pensar que mi casa sea un centro de trabajo y el descanso sean vacaciones… en fin, otra vez me sale la idea de la familia.

 

lunes, 25 de septiembre de 2023

Bromeando en la calle

 

Dias pasados estaba tomado café en un el bar de mi barrio, estaba de buen humor dando bromas a mi amigo. Llego un conocido de la calle, nos saludamos, me dijo bromeando que me iban a me iban a multar por ocupación de la acera -estaba sentado en mi silla eléctrica-, nos reímos y quise seguir la broma diciendo que no porque estaba aparcado en batería; como no me comprendía se lo dije otra vez pero me interrumpió diciéndome que selo dijese al día siguiente y se marcho.

No es la primera vez que me hace esto, ni el único. Las personas no quieren esforzarse, van a lo cómodo, y meten la pata pues se descalifican como amigos por no decir que se pierden mis bromas jajaj


viernes, 12 de mayo de 2023

De bajón

 Estoy de bajón, es decir, arto de todo. Como a todos, a veces, me ocurre. Desde octubre no levanto cabeza: resfriados, cansancio por antibióticos, picadura, y ahora alergia, este año me ha dado fuerte, al andar me asfixio. Como consecuencia de todo ello es que no hago mis ejercicios que tanto me viene bien tanto física como anímicamente.

Hace años escribí (aqui) que una vez fui a Lourdes estando de bajón, como ahora, en el cual le pedía a mi Madre que nunca olvidara esa experiencia. Pues bien, renuevo esta petición.

Ahora es cuando se me hace mas difícil decir que estoy rabiosamente feliz (aqui), cuando estoy de capa caída. Estos momentos son los que verdaderamente uno se puede medir si es o no creyente. Si digo que lo soy, miento; y si no lo digo, no testimonio.

En resumen, estoy en un túnel oscuro pero sé que al final hay luz, y que, por lo tanto, es pasajero, entonces habré vencido otro escoyo mas… y estaré… RABIOSAMENTE FELIZ

domingo, 16 de abril de 2023

RABIOSAMENTE FELIZ

 

RABIOSAMENTE FELIZ, no es fácil sentirse así a lo largo del día, cuando los problemas te surgen, pero debe ser un estado. Como hoy he dicho, saber encasillar los contratiempos del día a día tratando de que no te afecte en tu estado de animo, cosa que me ocurre muchas veces.


sábado, 28 de enero de 2023

Ser consecuente

 Esta mañana me he sentido bien y he salido a la calle con mi andador. Hacia tiempo que no lo hago, diría que años. Para cruzar me cogí del brazo de un amigo, que cuando acabamos de pasar el paso de cebra me volvió a dar mi andador.

Iba por el lado de la acera cuando un hombre llego por detrás y dijo de mala forma “Fitipaldi”, claro, no le hice caso. Segui mi camino y cuando me senté comentamos lo que había pasado: le dije que rezáramos un Padrenuestro por él. Por la noche rezando el rosario dije un misterio por las personas con el corazón duro.

Pienso que el ser cristiano se debe ser las 24 horas del día con todas sus consecuencias, rezar por aquellos que nos hacen la vida mas fácil, y por aquellos que nos hacen la  vida difícil.

domingo, 1 de enero de 2023

Lucha

 En un articulo anterior (aqui) decía que había olvidado mi lema, ORA LUCHA CONFÍA. Hoy quiero exponer que estoy volviendo a luchar contra mi pereza física. Si me he enquilosado mucho, me cuesta moverme… desde el confinamiento que me vino como un jarro de agua fría hasta hace pocos meses, me he dejado de la manos de Dios.

Ahora estoy procurando moverme,  he incluso he instalado un TRX, una cinta para hacer ejercicios. Me he propuesto luchar contra mi pasividad.

Sé que mi futuro no va a ser fácil pero no es  razón para abandonarse. En esto radica mi lema, en no abandonar la lucha emprendida por mis padres, no puedo fallarles.