Muchos sabeis que he dedicado tiempo y esfuerzo a formarme, a estudiar y a obtener mi titulación. Es un orgullo que guardo con cariño. Durante una etapa de mi vida, tuve la fortuna de trabajar en un centro para personas con discapacidad; un entorno amable y adecuado a mis circunstancias, donde mi presencia no era un muro, sino parte del paisaje. Allí me sentí útil y valorado, rodeado de comprensión.
Sin embargo, al mirar hacia el mundo exterior, hacia esa sociedad que corre sin mirar a los lados, sentí una pequeña punzada de realidad. A pesar de mis conocimientos y de mi título, las puertas de un empleo convencional se sentían mucho más pesadas de abrir. No es que hubiera maldad en el ambiente, es que el materialismo de hoy a veces nos hace olvidar que el valor de un profesional no solo está en su rapidez física, sino en su capacidad de aportar una mirada distinta, una templanza y una humanidad que no se enseñan en los libros.
Creo que la verdadera inclusión no es solo poner una rampa o cumplir con una norma técnica. Es algo más sencillo y, a la vez, más profundo: es tener la paciencia de ver a la persona antes que a su circunstancia. Es entender que un título tiene el mismo valor, se sostenga con las manos que se sostenga, incluso si esa mano tiene que apretar el bolígrafo con el puño debido a la espasticidad.
Desde mi rincón, este granito de arena no busca señalar culpables, sino invitarnos a todos a bajar un poco el ritmo. A entender que una sociedad es más rica no por lo que produce, sino por el espacio que sabe darle a cada uno de sus hijos, sin etiquetas y con las puertas abiertas de par en par.
Al final del día, estoy convencido de que para que la inclusión deje de ser un eslogan y se convierta en realidad, necesitamos un cambio que nazca de dentro. La verdadera barrera no es una escalera o un portal cerrado, sino esa tendencia a mirar solo nuestro propio camino. Para que quepamos todos, la sociedad debería aprender a ser un poco menos individualista y menos egoísta. En el momento en que dejemos de lado el "yo" para empezar a pensar en el "nosotros", ese puente de la inclusión se terminará de construir por sí solo.
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