En aquel tiempo, al salir Jesús de la sinagoga, fue con Santiago y Juan a casa de Simón y Andrés. La suegra de Simón estaba en cama con fiebre, y se lo dijeron. Jesús se acercó, la cogió de la mano y la levantó. Se le pasó la fiebre y se puso a servirles. Al anochecer, cuando se puso el sol, le llevaron todos los enfermos y endemoniados. La población entera se agolpaba a la puerta. Curó a muchos enfermos de diversos males y expulsó muchos demonios; y como los demonios lo conocÃan, no les permitÃa hablar. Se levantó de madrugada, se marchó al descampado y allà se puso a orar. Simón y sus compañeros fueron y, al encontrarlo, le dijeron: «Todo el mundo te busca.» Él les respondió: «Vámonos a otra parte, a las aldeas cercanas, para predicar también allÃ; que para eso he salido.» Asà recorrió toda Galilea, predicando en las sinagogas y expulsando los demonios.
El evangelio lo encontramos al inicio del relato de Marcos, formando parte de la narración de una jornada en la vida de Jesús. El Maestro ha hecho su presentación en la sinagoga y ahora necesita reponer fuerzas. Sale de allà y se encamina con sus discÃpulos a casa de Simón y Andrés. La casa en el evangelio es el lugar de estancia de Jesús y de los discÃpulos, y escenario de su actuación. La casa se convierte en el ámbito donde se instruye a los discÃpulos (Mc 7,17; 9,28.33; 10,10). La suegra de Simón estaba en cama con fiebre y son los discÃpulos quienes, en esta ocasión, salen al paso de la necesidad, aunque la actuación será de Jesús.
Con tres verbos de movimiento el Señor realiza la curación:
En primer lugar, Jesús se acerca, en ÉL existe la voluntad de sanar, para eso ha venido, pero toma la iniciativa, no espera a que el enfermo se acerque, ÉL se encamina, va al encuentro.
En segundo lugar, la toma de la mano, gesto de cercanÃa y amistad, rasgos de un Jesús muy humano, que se preocupa de la situación de cada persona, que realiza gestos para infundir ánimo, esperanza. Ninguna persona puede sentirse “postrada”, abandonada, si permite que Jesús este con ella. El tomar la mano entre las suyas es un signo de amor y de encuentro personal.
El tercer verbo de movimiento es levantarla, Jesús la levanta. Le ayuda a ponerse en pie, a sentirse estable y segura, no la deja sola, acompaña todo el proceso de curación. Jesús sana mediante la fuerza que posee y que irradia a SU alrededor.
En seguida, la fiebre desaparece, la persona deja de estar postrada para ponerse de pie. Desaparece la aflicción corporal que, al igual que la opresión del espÃritu impuro, van contra la voluntad de Dios. Todo ello desaparece con la llegada de Jesús. Eso es lo que expresara Marcos a continuación extendiendo la sanación a otros: “curó a muchos enfermos de diversos males y expulsó muchos demonios” (v.34).
La respuesta de la mujer no se demora, inmediatamente se pone a servirles. Lo esencial del discipulado rabÃnico era el servicio, o lo que es lo mismo ser discÃpulo es servir.
Marcos nos está diciendo que esa mujer se levanta, se pone de pie y se convierte en seguidora de Jesús. La actitud que adopta la suegra de Pedro, es la misma que debe asumir cualquier Cristiano. El seguimiento del Maestro, implica ir tras sus pasos que “ha venido a servir y no a ser servido” (Mc 10,45).
¿Qué me hace hoy estar postrado/a en cama? Jesús también quiere sanar mis “enfermedades”. Hoy se acerca a mÃ, me toma de la mano y me levanta. Me “empodera” y me devuelve mi dignidad. Toca servir.
¿Estoy dispuesto a vivir desde esta nueva condición de seguidor/a de Jesús?
Como ÉL mismo fue probado por medio del sufrimiento, puede ahora ayudar a los que están sometidos a la prueba. Hebreos 2
El Señor es nuestro Dios, él gobierna toda la tierra. Se acuerda de su alianza eternamente, de la palabra dada, por mil generaciones; de la alianza sellada con Abrahán, del juramento hecho a Isaac. El Señor se acuerda de su alianza eternamente. Salmo 104.