"Hola, Miguel, ¿c贸mo est谩s?..." Y no espera respuesta.
Seguro que te ha pasado. Alguien te cruza por la calle, suelta la pregunta autom谩tica y sigue de largo sin reducir el paso. Hoy en d铆a nos saludamos por educaci贸n, pero nos escuchamos muy poco. Parece que nos cuesta regalar un minuto de nuestro tiempo.
Y esa frialdad se contagia a todo. El otro d铆a pensaba en c贸mo han cambiado las cosas: ahora vas a tomar algo y el hielo te cuesta 10 c茅ntimos. Antes, ponerte un par de cubitos era una atenci贸n al cliente, un gesto de bienvenida y cortes铆a para que te sintieras bien acogido. Hoy, hasta la frescura se factura. Hemos monetizado los peque帽os detalles, y al hacerlo, las relaciones se vuelven tan impersonales como un tique de caja.
Cuando todo se mide en c茅ntimos y en prisas, el coraz贸n se va congelando.
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