馃寠 Sonido del mar para acompa帽ar la lectura:

viernes, 17 de abril de 2020

El malherido


Se levant贸 un legista, y dijo para ponerle a prueba: «Maestro, ¿que he de hacer para tener en herencia vida eterna?»
脡l le dijo: «¿Qu茅 est谩 escrito en la Ley? ¿C贸mo lees?» Respondi贸: «Amar谩s al Se帽or tu Dios con todo tu coraz贸n, con toda tu alma, con todas tus fuerzas y con toda tu mente; y a tu pr贸jimo como a ti mismo». D铆jole entonces: «Bien has respondido. Haz eso y vivir谩s». Pero 茅l, queriendo justificarse, dijo a Jes煤s: «Y ¿qui茅n es mi pr贸jimo?» Jes煤s respondi贸: «Bajaba un hombre de Jerusal茅n a Jeric贸, y cay贸 en manos de salteadores, que, despu茅s de despojarle y golpearle, se fueron dej谩ndole medio muerto. Casualmente, bajaba por aquel camino un sacerdote y, al verle, dio un rodeo. De igual modo, un levita que pasaba por aquel sitio le vio y dio un rodeo. Pero un samaritano que iba de camino lleg贸 junto a 茅l, y al verle tuvo compasi贸n; y, acerc谩ndose, vend贸 sus heridas, echando en ellas aceite y vino; y mont谩ndole sobre su propia cabalgadura, le llev贸 a una posada y cuid贸 de 茅l. Al d铆a siguiente, sacando dos denarios, se los dio al posadero y dijo: "Cuida de 茅l y, si gastas algo m谩s, te lo pagar茅 cuando vuelva." ¿Qui茅n de estos tres te parece que fue pr贸jimo del que cay贸 en manos de los salteadores?» 脡l dijo: «El que practic贸 la misericordia con 茅l». Jes煤s le dijo: «Vete y haz t煤 lo mismo». 

Lc 10, 25-37

Muchas veces  no hemos puesto en la piel del samaritano, otras del sacerdote y del levita, y hasta alguna vez la del posadero. Pero nadie, o casi nadie se pone en la del hombre mal herido, que es a mi parecer el verdadero protagonista de la par谩bola.
Dice que bajaba un hombre de Jerusal茅n a Jeric贸; ese "hombre" nadie sabe c贸mo se llamaba, ni su historia, ni si estaba casado: nada, totalmente an贸nimo, tirado en las duras piedras del desierto. ¿cuantos mendigos vemos a lo largo del d铆a? Son como si fueran "mobiliario urbano" nadie repara ellos; esta malherido y sin embargo pasaron de largo... A este hombre, a la vez que le despojaron de sus pertenencias y le golpearon, tambi茅n le robaron su dignidad como persona pasando a un simple objeto.
Ni que decir tiene que "ese" hombre es  un Cristo viviente crucificado en el camino del desierto, abandonado por los malhechores y viajantes: aqu铆 esta Cristo, es los que nos necesitan. Cada vez que necesitamos socorro nos convertimos en siervo de yav茅.
Por mi circunstancia de discapacitado conozco muy bien la sensaci贸n de pedir ayuda; al principio, cuando joven, no me agradaba, pero a medida que fui haci茅ndome mayor me daba cuenta que yo, pobre de m铆, era el mismo Dios que ped铆a ayuda y que los dem谩s, a trav茅s m铆a, lo hac铆an al mismo JESUS.

M. Vazquez

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