馃寠 Sonido del mar para acompa帽ar la lectura:

domingo, 5 de julio de 2015

El hombre y el cocodrilo

De este cuento tradicional, circulan en 脕frica Occidental varias versiones. Todo reflejan uno de los aspectos m谩s feos de la naturaleza humana: el desagradecimien­to, del que dif铆cilmente se escapa uno. Uno de nuestros proverbios castellanos lo resume de forma lapidaria y contundente. "Cr铆a cuervos y te sacaran los ojos."


En el cuento Peul, recogido por Hampate Ba la liebre ocupa un lugar importante dando un铆 lecci贸n de prudencia, virtud que debe acompa­帽ar siempre las acciones por buenas que sean.
Un d铆a se declar贸 un gran incendio en la selva, las llamas llegaron cerca del r铆o y acorralaron a un cocodrilo imprudente que tomaba el sol lejos de la orilla. Cegado y desorientado por el humo, el cocodrilo no encontraba el camino para volver al r铆o. Pas贸 varios d铆as sin poder comer. Hambriento y desesperado gritaba: ¡Ayuuuda! ¡Ayuuuda!
Un hombre que volv铆a del campo oy贸 los gritos, se detu­vo, vio al cocodrilo que le dijo.
- Me he perdido y si alguien no me lleva al r铆o morir茅.
El hombre despu茅s de pensarlo, se acerc贸 y pidi贸 al cocodrilo que se metiera en un saco para poder llevarlo m谩s f谩cilmente sobre su cabeza.
As铆 llev贸 su pesada carga hasta la orilla. Este se zambu­ll贸 en el fondo del r铆o y de un r谩pido movimiento se vol­vi贸. El hombre que no hab铆a tenido tiempo de llegar a tie­rra sinti贸 de pronto las fauces del cocodrilo mordiendo su pie mientras le dec铆a.
- ¡Hombre, llevo una semana perdido en la selva sin poder comer y me muero de hambre!
- ¿As铆 me pagas el bien que te he hecho?
- ¡Eso no se puede hacer!
Ante la indignaci贸n del hombre, el cocodrilo acept贸 esperar y o铆r la opini贸n de los que vinieran a beber, no pas贸 mucho tiempo hasta que una yegua desdentada y ti帽osa se acerc贸 a beber. El cocodrilo la interpel贸:

- Quiero que me digas, le dijo, si en la casa de los habitantes de la tierra firme, se puede pagar una buena acci贸n con una mala acci贸n.
- Si no fuera as铆, contest贸 la yegua temblando de miedo, yo no estar铆a aqu铆, en el estado en que ves...Cuando envejec铆 mis amos dejaron de cuidarme y me abando­naron en la sabana. As铆 que s铆 es verdad, que una buena acci贸n no puede pagarse con una mala acci贸n, eso no pasa en nuestro pueblo".
 A la misma conclusi贸n lleg贸 un viejo asno lleno de llagas, que dijo que todas las buenas acciones que hab铆a hecho por los hombres se las hab铆an pagado con golpes y abandon谩ndolo enfermo en un vertedero.
El hombre no acept贸 ninguno de los dos juicios y pidi贸 otra opini贸n.
Al cabo de un tiempo lleg贸 una liebre. El cocodrilo la llam贸 para que juzgara entre ellos. La liebre acept贸 con solemnidad.
-Hablad, os escucho. Y, ¡no dig谩is mentiras! Despu茅s de escuchar atentamente sus versiones, la astuta liebre dijo dirigi茅ndose al cocodrilo.
-Cocodrilo, creo que tienes raz贸n y este hombre miente porque t煤 no puedes caber en este saco. Vamos a probarlo.
El cocodrilo entr贸 en el saco. Entonces la liebre susurro:
¡R谩pido hombre, ata fuerte el saco! Golpea fuerte y tendr谩s la carne que tanto te gusta para acompa帽ar el arroz.
El hombre carg贸 con el saco e invit贸 a la liebre a su casa para que su familia le agra­deciera lo que hab铆a hecho por 茅l. Al llegar a su casa, el hombre entr贸 para compro­bar su estado antes de hacer entrar al visitante. Se encontr贸 con algo inesperado: su hijo estaba gravemente enfermo y el curandero le dijo:
¡R谩pido hombre, las caracolas han hablado! Tu hijo necesita sangre de cocodrilo y sesos de conejo para curarse.
Chisst, dijo el hombre llev谩ndose los dedos a los labios, baja la voz, aqu铆 tengo la sangre de cocodrilo, y en cuanto entre la liebre que me acompa帽a, golpeadla y partidle la cabeza.
La liebre que hab铆a escuchado la conversaci贸n, escap贸 a grandes saltos, y se perdi贸 entre los matorrales, diciendo.
-Ahora s茅 que cada vez que uno oye una discusi贸n o una pelea es porque se ha pagado una buena acci贸n con una mala. Pero cuando esto ocurre, es porque el autor de una buena acci贸n no ha sido lo suficientemente precavido.

Cuento de Amadou Hampate Ba. Presentado y adaptado por Paquita Reche, Mnsda Revista AFRICANA

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