DecÃa un anciano
que sólo se habÃa
quejado una vez en toda su vida.
Cuando iba con los
pies descalzos
y no tenÃa dinero
para comprar zapatos.
Entonces vio a un
hombre feliz que no tenÃa pies.
Y nunca volvió
a quejarse.
Tony de Merllo
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