VI LA VUELTA DE JACOB.
G茅nesis 30-36
Jacob iba pues de vuelta, pero no sin preocupaci贸n. No ignoraba que su suegro le pisaba los talones para pedirle cuenta. Y en cuanto a lo que le esperaba en su pa铆s, tampoco estaba muy tranquilo. Al cabo de 20 a帽os ¿su hermano Esa眉 habr谩 olvidado su maniobra? Por un lado como del otro, Jacob sab铆a que arriesgaba su porvenir. Una cosa cierta: Dios no le abandonar铆a. Esa convicci贸n le ayudar铆a en las pruebas que le esperaban.
De momento, se daba prisa todo lo posible con su numeroso s茅quito: dos mujeres y sus siervas, once hijos y su innumerable reba帽o. Pero Laban no tard贸 en alcanzarle. ¿Esperaba recuperar una parte de los bienes que se llevaba Jacob? No se atrevo a decir nada: Dios acababa de prohibirle todo reproche. Solamente reclam贸 sus estatuas: por casualidad en ese punto, Jacob era inocente. Raquel se las hab铆a llevado sin decir palabra. As铆 que Jacob, de buena fe, autoriz贸 a su suegro a rebuscar por toda parte; para disimular Raquel no tuvo m谩s que una soluci贸n: sentarse encima y pretextar estar enferma para no levantarse... Para recobrar (la face) Laban propuso una alianza: ofrecieron un sacrificio y todo termin贸 por una buena comida.
Quedaba lo m谩s dif铆cil: Esa眉. Jacob esta vez ten铆a realmente miedo. ¿C贸mo ablandar su hermano mayor al que hab铆a robado tan rotundamente? Y ¿C贸mo conocer su humor? Le mand贸 primero, una embajada para anunciar su vuelta y proponer una alianza. De paso, los emisarios hablar铆an de la riqueza del amo, y se calcular铆a la fuerza de la otra parte. Las novedades no eran tranquilizadoras: Esa眉 tambi茅n se estaba encaminando y con una escolta de 400 hombres. Jacob reflexion贸. Ya que era una querella por la herencia, a lo mejor ser铆a bueno hacer importantes regalos. De cada uno de los reba帽os de cabras, ovejas, camellos, vacas y burras, eligi贸 varios centenares de animales para su hermano. Los pastores ten铆an la orden de presentarse a Esa眉 uno tras el otro, a buena distancia uno del otro, cuesti贸n de dar tiempo para reflexionar al que se quer铆a suavizar. Adem谩s de esas precauciones, Jacob, angustiado, se atras贸 m谩s todav铆a.
Fue cuando tuvo un encuentro misterioso que deb铆a marcarle de por vida. Por la noche, solo, al borde de un riachuelo, el Yabboq, se sinti贸 atacado por un desconocido. El combate dur贸 toda la noche: Jacob pele贸 sin desfallecer, pero al alba un 煤ltimo golpe de su adversario le desencaj贸 el f茅mur. Desde ese d铆a, Jacob se qued贸 cojo. Al irse, el agresor rehus贸 decirle su nombre, pero se revel贸 acordando a Jacob su bendici贸n a la vez que le daba un nombre nuevo: “Ya no te llamar谩n Jacob, sino Israel, pues has luchado con Dios y con los hombres y has ganado”. Bendecido, y cojo, ese fue el destino de Jacob y sus descendientes. Reemprendi贸 su ruta, pas贸 el vado del Yabboq y se prepar贸 para encontrar a su hermano. Ya no le tem铆a ni a nadie porque hab铆a visto a Dios cara a cara y segu铆a vivo.
El encuentro de los dos hermanos fue sin calor excesivo, pero, prudentemente, uno y otro deseaban la paz. Jacob se present贸 como vasallo, precedido por sus ofrendas y multiplicando los agasajos. En cuanto a Esa眉 le gust贸 el papel de soberano y concedi贸 su benevolencia a la vez que aceptaba los regalos. Se separaron. Esa眉 volvi贸 a su pa铆s, Edom, al sur del Mar Muerto, y Jacob entr贸 en Cana谩n y se afinc贸 en Sichem.
Marie No毛lle THABUT
Traducido de “Panorama”, febrero 2010.
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