domingo, 9 de marzo de 2014

Espiritualidad de la Cuaresma

Lo que no es la Cuaresma
Cuaresma no es un tiempo litúrgico triste.
Cuaresma no es un tiempo de imposición de peni­tencias o prácticas externas.
Cuando Jesús responde a la pregunta sobre el ayu­no formulada por los discípulos de Juan y los fariseos (Me 2,18-22;: ¿porqué tus discípulos no ayunan y noso­tros sí? deja claro que el ayuno de los seguidores de Juan corresponde a un tipo de espiritualidad, de re­lación con Dios, de deseo de perfección que no es el que él viene a implantar. Cuando los discípulos del Maestro entren en la dinámica de relación que Él man­tiene con su Padre, entonces ayunarán; entonces, des­de dentro del corazón, les saldrá el ayuno nuevo. Mez­clar las cosas, viene a decir Jesús, no es bueno. Y pone el ejemplo de remendar un vestido viejo con una pren­da nueva, o mezclar vinos. Cuando haya odre nuevo habrá también vino nuevo.
Cuaresma no es el tiempo de "hay que hacer esto", "toca hacer esto" por mantener una tradición que vi a mi abuela... (v.gr., el potaje de los viernes, la gastro­nomía cuaresmal que hoy promueven algunos restau­rantes como reclamo publicitario...). La Cuaresma no son formas.


Lo que sí es la Cuaresma
Cuaresma es el tiempo litúrgico que nos llama a re­descubrir y reavivar nuestro bautismo; por el bautis­mo estamos insertos, metidos, sumergidos en el mis­terio pascual de Cristo. ¿Qué significa esto? Algo sencillo, profundo y siempre empeñativo. Lo pode­mos resumir así: la tarea del cristiano de todos los tiempos es hacer de su vida ordinaria una peregrina­ción (profundización) para dejar lo viejo (nuestro gus­to por lo nuestro, nuestro vivir de lo que nos apetece, de nuestra propia voluntad) y abrazar el modo de vi­vir de Jesús que consistía en alimentarse haciendo la voluntad del Padre.
Cuaresma, así entendida, no es imposición de algo externo, sino ejercicio espiritual que tiene su origen en el corazón mismo de nuestra identidad cristiana, en la identificación con Cristo.
Cuaresma, así entendida, es un programa personal y comunitario que toca el corazón y se realiza "en lo secreto", sin que nadie se entere, como nos propone el evangelio del Miércoles de ceniza. "Cuando hagas limosna... que no sepa tu mano izquierda lo que hace tu derecha... Cuando reces, cierra la puerta y reza... Cuando ayunes, perfúmate" (Mt, 6,1-6.16-18). Y todo por una cosa: el Padre se entera de lo que pasa en nuestro corazón.