lunes, 21 de enero de 2013

Haití ólvidada


Tres años después del terremoto que devastó Haití, el 12 de enero de 2010, unas 400.000 personas desplazadas siguen viviendo en situación de vulnerabilidad y sin protección en los campamentos de la capital, Puerto Príncipe, y sus alrededores.
El 21% de la población desplazada se enfrenta a la amenaza constante de desalojo por parte de los propietarios de las tierras, donde se ubicaron los campamentos en los que los desplazados fueron alojados después de la tragedia. Además, muchos otros problemas están afectando a esta población: aparte de las precarias condiciones de vida están el cólera, la inseguridad alimentaria, las inundaciones y los deslaves durante la temporada de huracanes. Por otra parte, los servicios sociales básicos son prácticamente inexistentes en los campamentos. El Servicio Jesuita a Refugiados (JRS) es una de las pocas agencias que prestan servicios psicosociales.
El JRS expresó su gran preocupación porque siguen sin respetarse los derechos y garantías referidos a la protección de las personas desplazadas, tal y como definen los Principios Rectores de los Desplazamientos Internos. Esto significa que las personas desplazadas en Haití se encuentran entre los grupos más vulnerables y tienen una creciente necesidad de protección.
Tres años después del terremoto, el JRS hace un llamamiento urgente a las autoridades haitianas, a los países y organismos donantes, a las organizaciones humanitarias y a otros actores de la comunidad internacional para que prioricen los derechos humanos de las personas desplazadas, en especial su derecho a la vida, la seguridad, la alimentación, la educación, la salud, y la vivienda.
El JRS apremia a las autoridades haitianas y a los organismos internacionales competentes para que proporcionen protección y asistencia humanitaria a todas las personas desplazadas, especialmente a las más vulnerables: mujeres embarazadas, jóvenes y ancianos. Asimismo, el JRS les invita a trabajar con esta población desplazada para establecer rápidamente las condiciones y medios para su reubicación y reintegración en la sociedad, de acuerdo con los Principios Rectores de los Desplazamientos Internos.

(Tomado de ZENIT.ORG)