martes, 25 de septiembre de 2012

ORA LUCHA CONFÍA (3)


3. LUCHA

     Vamos a ver lo que pasa por la mente de Juan: en primer lugar le da pereza, pues es muy "pesado" el comprometerse, mejor sé esta en casa, que en juicio, y lo segundo: tener que afrontar las molestias; Tener que ir, hablar ante el juez, contestar a preguntas poco claras, etc. Pues bien, es lo primero que nos hemos comprometido: A luchar con los niños y jóvenes. No seria militante el que pudiera ir a su centro, se queda en casa viendo la tele. Seria un cara dura, recolector‑de‑titulitis para "ganarse" el Cielo; Y la segunda reacción de Juan es dejarse llevar en su declaración por lo más fácil, no diciendo lo que ocurrió, sino lo que quieren que diga.

     Tenemos que superarnos a nosotros mismos, de hacernos violencia. Ver clara nuestra escala de valores, y donde ocupa nuestro apostolado. Hemos dicho un sí voluntario.

     ¡No! Tenemos que sacudir nuestra pereza, mi egoísmo, y de vez en cuando tener presente las finalidades del MAC.

     1/ Vivir y predicar el evangelio, asumiendo las Bienaven­turanzas y los consejos evangélicos: Sabemos que no llegamos a cumplirlo, pero ¿esa es razón para dejar de lado, no revisarnos?, ¿Tenemos miedo?.

     2/ Dedicación a niños y jóvenes más pobres: pero ¿a qué llamamos pobreza?, ¿Solo a lo referido al dinero?, y el niño con SIDA o con cáncer, leucemicos, etc ¿los marginamos? (Visión de campos de acción mas allá de lo que hacemos).

     3/ Vivir la sencillez de espíritu tomando a María como modelo: ¿no es verdad que algunas veces tenemos el "tarro" comido?.

     4/ Encarnándonos en los problemas de los demás: ¿sabemos escuchar a los demás?, ¿O después de escuchar un problema de un hermano nos olvidamos?.

     Tenemos que luchar en todos los sentidos: tanto en el interior, como en la acción. No tiene sentido que nos quedemos parados, sin hacer nada,  con nuestros propios problemas, que, porque no, a veces gordos, nos achicamos y no sabemos salir de ellos, nuestro movimiento es de acción, y esta acción significa lucha.

     La lucha no es solamente de cara a los demás, sino hacia nosotros mismo: contra el pecado, aquí cada uno sabrá por donde tiene que ir; contra sus miserias, corregir nuestros defectos, con paciencia; Potenciar nuestras posibilidades, no cayendo en vanagloria, sino poniéndolo al servicio de los demás.

     Pero la lucha no se trata de ponernos en candelero, decir "mas que yo, ninguno" y enseñar los méritos. Se trata de luchar para estar al servicio de los demás: mi Movimiento, mis compañeros del trabajo o de estudio, de mi vecina de abajo que es tan pesada; y con amor. Seria muy cómodo ser cristiano cuando estamos en los salones o una reunión de lo que sea, pero en donde se nos tiene que notar es en la calle, que sientan un "algo" especial, pero sobre todo en nuestro trabajo, que es en donde nos movemos mas horas diarias, allí es donde podemos lucha para que seamos luz entre las tinieblas. En los pequeños detalle: el compañero mas aislado, o el que tiene problemas, o acoger a uno nuevo.  Leemos 1 Co 13,4‑7 cambiando la palabra caridad por lucha.

     También se puede dar el caso que tengamos un trabajo contrario a nuestras inquietudes. Ej. Una trabajadora social que debe aconsejar algo de planificación familiar, se va a encontrar en casos de aborto o vasectomía, que para unos cristianos son cosas muy graves, o un camarero que descubre al dueño vendiendo droga, y muchos casos en que nos debemos plantear si es licito seguir trabajando o no. Si es una cosa accidental o no la es, etc.