martes, 4 de octubre de 2011

EL OFRECIMIENTO


EL OFRECIMIENTO


            El ofrecimiento es poner en manos del Señor nuestras obras, pensamientos, sufrimientos, anhelos, alegrías, tristezas, y un sin fin de cosas que nos pasan a lo largo del día, para hacernos corredentores de Xto en la cruz; es poner en sus manos nuestros sentimientos y acciones, incluyendo, porque no, las cosas negativas que hacemos,

            Para sentirnos corredentores de Xto. Hay que tener claro que somos parte esencial del Cuerpo Místico: solo así podemos intuir nuestra participación, aunque sea una gota en el oceano, en la Cruz. Efectivamente quien no cree en la coparticipación de la Pasión, es difícil que vea la utilidad del ofrecimiento.

            Otra de las condiciones es la generosidad: es poner a disposición nuestra propia persona, como somos, asumiendo nuestras riquezas y debilidades, para que puedan disponer de nuestro ofrecimiento. Una persona que no ofrece esta aislada, es como una célula que no aporta su misión, es un parásito. La generosidad no solo es dar no solo de lo material, o de nuestro tiempo, etc., sino de nuestro propio ser, tal y como somos. Es algo que es difícil de comprender pues entra en el misterio de la comunicación de los santos.

            Con el ofrecimiento dejamos esta riqueza en manos del Señor. Es verdad que tenemos que aplicarla a las personas de nuestro alrededor, como Jesús nos dijo. Pero tengo el íntimo convencimiento que nuestro ofrecimiento repercute a todo el Cuerpo Místico. Como seres finitos pedimos por todo lo que nos parece y sentimos necesitados, pero también por lo que nos hace falta sin saberlo, por las personas que lo necesitan y que no conocemos, por tantas cosas que no sabemos expresar. En una palabra: no es una “pastilla” para un mal determinado (algo finito), sino que se extiende, beneficia a todo el Cuerpo por poco que nos parezca.

            Jesús nos dio el mandamiento del amor: uno de los infinitos caminos del amor es el del ofrecimiento ¿de que me vale ofrecer si no amo a los demás?, el ofrecer implica darse a los demás, no de una forma activa pero si de manera que comulgamos con los demás a través de nuestro sentir.

            Hay un momento en el ofertorio de la misa, donde el sacerdote pone unas gotas de agua al vino, se llama memento, pues esas gotas de agua representa nuestra ínfima contribución a la redención: me gusta, en ese instante, ofrecer todo mis sufrimientos, anhelos, frustraciones, deseos, todo lo que me preocupa; para dar lo poco que soy al cuerpo místico.

            Muchas veces he oído decir que no se puede dar lo que no se tiene; no estoy de acuerdo: en el ofrecimiento del día se puede dar lo que uno carece, (la salud, cuando no se tiene, el no poder hacer tal o cual cosa). ¿No tiene valor el ofrecer lo que no tenemos?

            Hágase Tu voluntad. Que frase más sencilla y a la vez difícil de entenderla: es ponerse en Sus manos nuestro yo, entero. Pero eso no quiere decir el abandonarse, sino aceptar la voluntad para nosotros, sin revelarnos, dando un sí como María; agradeciendo los favores recibidos; y asumiendo, aceptando nuestras carencias sublimando nuestros anhelos, nuestros sacrificios, para ponerlos al servicio de los demás.


Un camino para el ofrecimiento

            Primero hay que tener conciencia de ofrecimiento y para ello hay que saber que tenemos una herramienta que todo el mundo la tiene. ¿Qué es el ofrecimiento?, Es el modo de estar con Jesús en la cruz, ser coparticipe de su sufrimiento. Claro esta que mi aportación es ínfima, pero sin ella no seria nada pues si El murió por mi, yo debo aportar algo. Como digo antes, es la gota de agua que se pone en el vino: sin ella seria incompleta la consagración. De esta manera me convierto en corredentor, de forma totalmente activa pese a mi miseria humana.

 ¿Quién no ha ofrecido el día? Todas nuestros actos, nuestras carencias, pensamientos,... si están ofrecidos, se beneficia todo el mundo aunque a lo largo del día, aunque no nos acordemos de El. Es otra manera de la oración perpetua. Durante el día podemos tener conciencia de que nuestras acciones repercuten a los demás y así contribuir, sin darnos cuenta. Es como una gota de sangre que oxigena y a la vez necesita de las venas para llegar al corazón. A mi me gusta pensar que soy una célula de una vena pues no soy quien para ser sangre pero si una parte pequeña de la vena, pues tengo conciencia de pertenecer al Cuerpo Místico.

            Una persona que no ofrece es como la que no comunica su riqueza interior, se guarda todo para si. Es como un parasito que chupa la sangre sin dar nada a cambio; no hay amor, generosidad, capacidad de darse. Son conceptos que a mi forma de ver también se puede aplicar aquí, pues son diferentes maneras de amar; no hay que ceñirse a lo material sino también se puede dar lo que somos.

            Otro problema es el de no dar importancia a lo que hacemos, debo decir que a mi me pasa; no veo el merito a lo que hago, a lo que soy: aunque me este mal decirlo, me tengo como una persona buena, pero porque me sale, no porque lo sea; no sé si me expreso bien ¿y que valor tiene si un niño ofrece comer un dulce? Lo mismo me pasa a mi. ¿Pero, qué derecho tengo en juzgar lo que vale o lo que no? Lo importante es darse por entero, las cosas buenas y malas Lo importante es de poner a disposición todo nuestro ser al Reino. Santa Teresita es patrona de las misiones, y eso que no ha salido del convento.