miércoles, 16 de marzo de 2011

Anunciamos tu muerte

Anunciamos tu muerte, proclamamos tu resurrección. Ven, Señor Jesús

Esto es lo que decimos justo al terminar de consagrar en Pan y el Vino. Muchos caemos en la tentación de creer que es solo un recordatorio del momento de la cena. Pero no, es el propio Jesús que se da a nosotros, a ti, y a mí ¡que cosa más extraordinaria: todo un Dios muere por mí!. Particularmente me gusta arrodillarme como señal de plena sumisión al único Dios. “Al Señor tu Dios adorarás y a El solo le darás culto” Mt 4, 10.

En la Cena se adelanta a la pasión cruenta de la Cruz. Cada ves que se consagra el pan y el Vino, se convierte realmente en el Cuerpo y la Sangre; lo que quiero decir es que cada ves muere por nosotros realmente, perpetuo, eterno. “habiendo amado a los suyos que estaban en el mundo, los amó hasta el extremo” Jn 13, 1.

La Resurrección. ¿Qué puedo decir de la resurrección? Es el momento que nos abre el camino al Cielo. Jesús ha resucitado, pero no se ha ido y ya esta, es la ruptura con el pecado. La palabra proclamar significa cantar, gritar, regocijo, de  la noticia que Xto ha triunfado a la muerte. Cuando decimos en el Credo decimos que bajo a los invierno queremos decir que resucitó a los justo que hasta entonces estaban “perdidos”. Nos ha abierto el camino hacia nuestra Patria.

Ven, Señor Jesús. Ven. Tiempo imperativo. Parece que le estamos dando una orden al Señor. Estamos diciéndole que venga por segunda ves, lo que llamamos la parusia, la consumación de los tiempos. ¡Ven, que estamos sedientos de ti!. Es un deseo mas que una orden, pero un deseo tan deseado que lo expresamos con una orden: Ven Señor, no tardes.