viernes, 5 de febrero de 2016

Sólo de verse nuestro padre san Francisco
pobre y mendigo comiendo unos mendruguitos
se arrebataba en éxtasis.
¡Que lejos estamos de imitarlo!
Cuando queremos tenerla honra de ser pobre
y al mismo tiempo el provecho de disfrutar
de manjares delicados,
¿podremos decir que le imitamos?
Los pobres de espiritu son los más felices del mundo.
Dios mio, que yo alcance esta felicidad.

Santa Angela de la Cruz