lunes, 9 de febrero de 2015

CRUCÉ EL PUENTE... Y LLEGUÉ AQUÍ


Hace 5 años Sor. Luisa llegaba a la jungla tropical de Papua Nueva Guinea. Actualmente está a cargo de la catequesis y de la instrucción a la vida familiar en la par­roquia de Daru. Una de sus actividades regulares es "patrullar"; van de una aldea a otra preparando a la gente para el Bautismo, la Confesión, la Primera comunión y el Matrimonio. Aquí nos cuenta cómo cruzó el puente de las diferencias étnicas.
 En una de nuestras patrullas, mis cuatro compañeros catequistas y yo, teníamos que viajar por el agua, porque la aldea que íbamos a visitar estaba muy lejos. Éramos cinco y yo era la única mujer. Salimos a las 10,30 de la mañana, navegando en una barca. Tuvimos un viaje terrible. Diez minutos después de dejar Daru, nos cayó un diluvio encima. Yo estaba asustada porque no sabía nadar. Lo mejor que podía hacer era rezar para que no se hundiera la barquichuela. La lluvia nos empapó. Estaba helada y la llu­via duró unas cuatro horas que fueron angustiosas.


Choque cultural:
Llegamos a la aldea a las 2,30 de la madrugada. Estaba atónita porque los jefes de la aldea nos habían colocado a los cinco en una choza de barro. Ni que decir tiene que fue muy duro para mí porque no había ropa para cambiarse, ni habitación, ni baño. Tuve que dormir pegada a mis cuatro compañeros varones. La gente tampoco hace comidas regulares. Ni siquiera nos ofrecieron algo de comer. No pude dormir en toda la noche debido a que me dolía la espalda. El suelo no era plano y había agujeros en él.
Miedo del color.
Al día siguiente, di vueltas y visité a las familias. Al principio los niños llora­ban y se escapaban cuando me veían. Más tarde supe que se asustaban de mi extraño pelo liso y de mi figura poco natural. Pensaban que era una bruja sali­da del mar. Esa fue una de las dificultades para tratar de llegar a ellos. Pero yo siem­pre había creído firmemente que cuales­quiera que fueran nuestras diferencias, de lengua, color, creencia y tradiciones, podríamos encontrarnos siempre y al final, podríamos cruzar el puente cultural que nos divide.
Las primeras impresiones no duran
Día tras día, me sentía más en casa con ellos, hablando y comiendo con ellos, apren­diendo su idioma y estilo de vida. Descubrí que eran gente amistosa y acogedora, y estoy segura que ellos descubrieron lo mismo sobre mi. Estuvimos allí 10 días. Dimos leccio­nes y charlas sobre los Sacramentos y nuestro párroco vino para los últimos días y admi­nistró los sacramentos del Bautismo, de la Confesión, Primera Comunión y del Matrimonio.
Sucias galopadas y más
Esta no fue mi última patrulla. Hay muchas programadas por venir y muchos viajes a caballo. Sin embargo yo quiero ir porque no hay nada comparable a ese sentimiento de formar parte de la vida de alguien, descubriendo qué clase de vida hay al otro lado del mundo, aprendiendo las creencias y tradiciones de otras gentes y sobre todo oyen­do su propia historia.
Y entonces, a lo largo del camino, comprendí porque Dios hizo a las gentes diferen­tes unas de otras.


Sr. Maria Luisa Tomaro Papua - Nueva Guinea