lunes, 26 de enero de 2015

¿Qué puedo darle?

Como cada domingo, la fila de los que se acercaban a comulgar avanzaba a su ritmo. Pero, de pronto, entre la señora que tenía delante alargándome su mano izquierda y mis brazos, se interpuso la mano de su pequeña ofreciéndome un caramelo. Me agaché, le sonreí, cogí el caramelo y le dije: " ¡gracias!". La madre, sorprendida, contempló turbada a su hija. Recibió la sagrada forma y vi cómo se alejaban hacia su sitio. Pasado un tiempo me contaron el desenlace del hecho.
Al concluir la Eucaristía, la pequeña dijo a su madre:
«No me regañes que le ha gustado. ¿No viste cómo me sonreía y daba las gracias?».
«Sí, lo he visto -respondió la madre-, pero ¿porqué lo has hecho? ¿Acaso no viste que nos estaba dando la comunión a todos?»
«Sí, por eso lo hice, porque él, ¡dando y dando a todos y a él nadie le daba nada!»

El que siempre está dándose a todos es Jesús. ¿Cómo pagaré al Señor todo lo que ha hecho conmigo? No estaría mal pensarlo.

Lorenzo Orellana
Párroco de San Gabriel en Málaga