martes, 30 de septiembre de 2014

Yo no soy bruja. El fenómeno de los "niños brujos" en Africa

"Tuve un problema con unas chicas al salir de clase las amenacé con pegarles si se acercaban. Unos días después una de las chi­cas se puso enferma y me acusaron de brujería". Es la historia de Rosalie, que hoy vive en el hogar que los misioneros salesianos tienen abierto en Kara (Togoj para niños y niñas en situación de riesgo y vulnerabilidad.
Rosalie tuvo suerte. El curandero dictaminó que para liberarse del diablo tenía que beber una poción. Si moría era bruja, si no, ¡nocente. Los hechos llegaron a oídos de los misioneros salesia­nos, que fueron a hablar con la gente del pueblo. "Tras hacerlo con varios vecinos nos llevamos a Rosalie, que habría muerto al beber el líquido venenoso de la poción", explica José Luis do la Fuente, misionero salesiano director del Hogar Don Bosco de Kara.
Las acusaciones de brujería en niños es un fenómeno creciente en África Subsahariana, donde miles de niños y niñas son acu­sados de ser brujos. Tan sólo en la República Democrática del Congo, 70.000 menores han sufrido algún tipo de exorcismo en las últimas dos décadas tras ser acusados de brujería. Institu­ciones como Misiones Salesianas y algunas ONG que trabajan en el terreno alertan de que los niveles de violencia sobre estos menores están aumentando.
En África existen creencias ancestrales, base del animismo y el chamanismo, en las que la magia y la brujería tienen un papel relevante. Hablan de un mundo visible, en el que vivimos, y otro invisible, en el que habitan los espíritus y con el que los brujos y chamanes pueden interactuar. Tradicionalmente, los brujos son mujeres u hombres ancianos a los que se teme y respeta.