martes, 17 de junio de 2014

Daniel Coronel, misionero salesiano peruano del 'Proyecto Europa' que trabaja en Genova con los inmigrantes latinoamericanos.

Mi vocación misionera nació cuando estaba en el prenoviciado salesiano en Perú, gracias a la proyección de un vídeo sobre el salesiano Luis Bolla y su misión entre los indígenas achuar de la Amazonia peruana. Me tocó el corazón y no pude sacar de mi mente el deseo de ir algún día a trabajar en medio de los más ne­cesitados. Durante el noviciado manifesté el deseo de ser enviado a la misión ad gentes al entonces Regional, que es nuestro actual Rector Mayor. El me dijo que debía terminar los estudios filosóficos para tener alguna respuesta respecto a mi deseo.
En el año 2001 me enviaron, ¡unto a cuatro misioneros, a fundar la primera comunidad salesiana en la Amazonia peruana para traba­jar entre los indígenas de siete tribus. Mi sueño se estaba haciendo realidad. Hice la mitad del tirocinio entre los indígenas y luego fui trasladado a Lima para trabajar entre los chicos de la calle. Des­pués de terminar la teología expresé nuevamente el deseo de ir a las misiones ad gentes, ad extra y en 2010 tuve la respuesta cuan­do estaba trabajando ya como sacerdote entre los indígenas de la amazonia.
El destino fue formar parte del Proyecto Europa. Fui enviado a Irlanda y después a Génova-Sampierdarena para trabajar en me­dio de los inmigrantes latinoamericanos. Encontré las dificultades del choque cultural: el idioma, las relaciones fraternas, la forma de ver el carisma salesiano desde un mundo secularizado y secu-larista, la dificultad de poder integrar fe y vida, etcétera, pero el Curso para los Nuevos Misioneros me fue muy útil porque se nos anticiparon todas las dificultades que podríamos encontrar.
Algunos me preguntan: "Necesitamos misioneros en Perú, ¿por qué ir como misionero entre los inmigrantes latinos en Europa?". Mi respuesta en este sentido es que una de las tareas principales de los primeros misioneros salesianos fue el encargarse de los mi­grantes italianos en América. Hoy mi primer trabajo es encargar­me de los migrantes latinos en Genova, que tanto han esperado la presencia de un sacerdote latinoamericano.

Sé que en mi país hay mucha pobreza y yo la he vivido, pero aquí también hay una necesidad enorme de los migrantes latinos de poder reencontrarse con su cultura, ser consolados y escuchados en estos tiempos de crisis en todos los niveles: económico, social, político, cultural y religioso. Por eso no me cansaré de dar gracias a Dios por conducir mi vida según sus deseos.