jueves, 26 de septiembre de 2013

Causa de nuestra alegría

El título mariano de Nuestra Señora de la Alegría es un adelanto de ese mes de mayo, consagrado tradicionalmente a María. "Rosa de abril", brotada en la liturgia pascual, es un anuncio de la floración que inunda el siguiente mes en toda la geografía no sólo española, sino también supranacional. Pero no adelantemos acontecimientos, y pensemos por ahora en la Virgen histórica, en este ambiente de la semana pascual. Porque María nos enseña la difícil lección de congratularnos por el triunfo de Cristo sobre la muerte, tras la compasión por sus dolores y su agonía en la cruz. Al hombre de corazón humano, no endurecido ni desnaturalizado, le resulta relativamente fácil compadecerse del prójimo que sufre, aunque no lo conozca personalmente.
Hay una sintonía espontánea con el que padece cualquier mal,cuando nos sentimos afectados de compasión hasta con los animales. Pero eso de alegrarse sinceramente por la alegría del otro, es algo menos frecuente en el hombre. Hace falta un corazón muy sensible o una relación muy estrecha con esa persona que goza, para sentir su felicidad como propia. Una buena madre, una esposa ejemplar, un hermano noble, un hijo bueno, un amigo íntimo ¿y alguien más?, disfrutarán del gozo ajeno como propio. María, sí, se alegró del triunfo pascual de su Hijo con una intensidad mayor que si fuera suyo. Por eso es bueno pedirle alegría sincera por la resurrección de Cristo nuestro Hermano.

Rafael de Andrés

sábado, 21 de septiembre de 2013

Dios te busca


Muchos de nosotros caemos en la tentación de creer que no podemos ser santos porque somos pecadores ¿y quien no es pecador…? Nos sentimos débiles, poco dignos de Dios. Olvidamos que Jesús vino al mundo para salvar a los pecadores; Él comió y bebió con los publícanos para indignación de los fariseos.

Si te sientes pecador – ¿y quién no se siente pecador?-, allí esta el sacramento del perdón; si te sientes perdido, ponte al alcance de Dios. Jesús esta más contento por encontrar una oveja descarriada que las 99 restantes: sé dichoso por estar entre sus preferidos. Déjate conducir al redil; si te sientes culpable, perdónate a ti mismo; lo pasado, pasado esta: DIOS TE HA PERDONADO


domingo, 15 de septiembre de 2013

La niña

Una niña caminaba todos los días a la escuela.
Aunque esta mañana, las nubes se estaban formando, mientras caminaba hacia su escuela.
Durante la tarde, el viento se levantó y apareció un rayo.
La preocupación, mamá, se apresuró a tomar el camino en coche a la escuela.
En el camino, vio a su pequeño show, que en cada instante, se detuvo, levantó la vista y sonrió.
Algunos rayos en rápida sucesión, y cada vez, la niña miró hacia el flash y sonrió.
Su madre vino a él, bajó la ventanilla y le preguntó:
Pero, ¿qué estás haciendo aquí?
La niña respondió:
"Yo trato de ser amable, porque Dios sigue teniendo mi foto! "


lunes, 9 de septiembre de 2013

Cuando vayas a orar


Dedica un rato a mirar atentamente tu reloj. Quítatelo de la muñeca, tenlo entre tus manos, contémplalo como a un testigo silencioso de tu vida. Ponló junto a tu oído y escucha su tic-tac acompasado que marca el paso de tu tiempo. Recuerda cuántas veces al día, aproximadamente, le echas una ojeada para ponerte en contacto con esa dimensión importante del tiempo. Seguramente que a veces lo miras con impaciencia, como si quisieras empujar sus manillas, y otras, en cambio, querrías detenerlas para prolongar unos momentos felices...

Ahora te sientas a solas con Jesús. Le hablas de cómo vives el día a día: con prisa, con serenidad, con preocupación por el mañana, con paz... Escucha las palabras que dijo un día y que el evangelio nos guarda como un tesoro: «No andéis agobiados por la vida, pensando qué vais a comer, ni por el cuerpo, pensando con qué os vais a vestir; porque la vida vale más que el alimento y el cuerpo más que el vestido. Fijaos en los cuervos: ni siembran ni siegan, no tienen despensa ni granero y, sin embargo, Dios los alimenta. Y ¡cuánto más valéis vosotros que los pájaros! Y ¿quién de vosotros, a fuerza de agobiarse, podrá añadir una hora al tiempo de su vida?... Ya sabe vuestro Padre que tenéis necesidad de eso" (Le 12, 22-31).

Descubre las preocupaciones que te agobian y déjalas en manos del Padre... Confíate en sus manos. Lo pueden hacer todo nuevo.
Dolores Aleixandre. R.S.C.J.


miércoles, 4 de septiembre de 2013

Oración por la Paz

Queridos hermanos y hermanas: Buenos días.
Hoy, queridos hermanos y hermanas, quisiera hacerme intérprete del grito que, con creciente angustia, se levanta en todas las partes de la tierra, en todos los pueblos, en cada corazón, en la única gran familia que es la humanidad: ¡el grito de la paz! Es el grito que dice con fuerza: Queremos un mundo de paz, queremos ser hombres y mujeres de paz, queremos que en nuestra sociedad, desgarrada por divisiones y conflictos, estalle la paz; ¡nunca más la guerra! ¡Nunca más la guerra! La paz es un don demasiado precioso, que tiene que ser promovido y tutelado.
Vivo con particular sufrimiento y preocupación las numerosas situaciones de conflicto que hay en nuestra tierra, pero, en estos días, mi corazón está profundamente herido por lo que está sucediendo en Siria y angustiado por la dramática evolución que se está produciendo.
Hago un fuerte llamamiento a la paz, un llamamiento que nace de lo más profundo de mí mismo. ¡Cuánto sufrimiento, cuánta destrucción, cuánto dolor ha ocasionado y ocasiona el uso de las armas en este atormentado país, especialmente entre la población civil inerme! Pensemos: cuántos niños no podrán ver la luz del futuro. Condeno con especial firmeza el uso de las armas químicas. Les digo que todavía tengo fijas en la mente y en el corazón las terribles imágenes de los días pasados. Hay un juicio de Dios y también un juicio de la historia sobre nuestras acciones, del que no se puede escapar. El uso de la violencia nunca trae la paz. ¡La guerra llama a la guerra, la violencia llama a la violencia!
Con todas mis fuerzas, pido a las partes en conflicto que escuchen la voz de su conciencia, que no se cierren en sus propios intereses, sino que vean al otro como a un hermano y que emprendan con valentía y decisión el camino del encuentro y de la negociación, superando la ciega confrontación. Con la misma fuerza, exhorto también a la Comunidad Internacional a hacer todo esfuerzo posible para promover, sin más dilación, iniciativas claras a favor de la paz en aquella nación, basadas en el diálogo y la negociación, por el bien de toda la población de Siria.
Que no se ahorre ningún esfuerzo para garantizar asistencia humanitaria a las víctimas de este terrible conflicto, en particular a los desplazados en el país y a los numerosos refugiados en los países vecinos. Que los trabajadores humanitarios, dedicados a aliviar los sufrimientos de la población, tengan asegurada la posibilidad de prestar la ayuda necesaria.
¿Qué podemos hacer nosotros por la paz en el mundo? Como decía el Papa Juan XXIII, a todos corresponde la tarea de establecer un nuevo sistema de relaciones de convivencia basadas en la justicia y en el amor (cf. Pacem in terris[11 abril 1963]: AAS 55 [1963], 301-302).
¡Que una cadena de compromiso por la paz una a todos los hombres y mujeres de buena voluntad! Es una fuerte y urgente invitación que dirijo a toda la Iglesia Católica, pero que hago extensiva a todos los cristianos de otras confesiones, a los hombres y mujeres de las diversas religiones y también a aquellos hermanos y hermanas no creyentes: la paz es un bien que supera cualquier barrera, porque es un bien de toda la humanidad.
Lo repito alto y fuerte: no es la cultura de la confrontación, la cultura del conflicto, la que construye la convivencia en los pueblos y entre los pueblos, sino ésta: la cultura del encuentro, la cultura del diálogo; éste es el único camino para la paz.
Que el grito de la paz se alce con fuerza para que llegue al corazón de todos y todos depongan las armas y se dejen guiar por el deseo de paz.
Por esto, hermanos y hermanas, he decidido convocar en toda la Iglesia, el próximo 7 de septiembre, víspera de la Natividad de María, Reina de la Paz, una jornada de ayuno y de oración por la paz en Siria, en Oriente Medio y en el mundo entero, y también invito a unirse a esta iniciativa, de la manera que consideren más oportuno, a los hermanos cristianos no católicos, a los que pertenecen a otras religiones y a los hombres de buena voluntad.
El 7 de septiembre en la Plaza de San Pedro, aquí, desde las 19.00 a las 24.00 horas, nos reuniremos en oración y en espíritu de penitencia para implorar de Dios este gran don para la amada nación siria y para todas las situaciones de conflicto y de violencia en el mundo. La humanidad tiene necesidad de ver gestos de paz y de oír palabras de esperanza y de paz. Pido a todas las Iglesias particulares que, además de vivir esta jornada de ayuno, organicen algún acto litúrgico por esta intención.
Pidamos a María que nos ayude a responder a la violencia, al conflicto y a la guerra, con la fuerza del diálogo, de la reconciliación y del amor. Ella es Madre. Que Ella nos ayude a encontrar la paz. Todos nosotros somos sus hijos. Ayúdanos, María, a superar este difícil momento y a comprometernos, todos los días y en todos los ambientes, en la construcción de una auténtica cultura del encuentro y de la paz. María, Reina de la Paz, ruega por nosotros.
PAPA FRANCISCO
Plaza de San Pedro
Domingo, 1 de septiembre de 2013
 
 

lunes, 2 de septiembre de 2013

El pan nuestro de cada día

"Danos hoy nuestro pan de cada día". Jesús, que es buen pedagogo, debió querer corregir nuestra tendencia a escaparnos nostálgicamente hacia el pasado o ansiosamente hacia el futuro. Por eso nos coge de la mano y tira de nosotros hacia el presente, cuando nuestros pies se paran en el ayer o corren tratando de atrapar el mañana. Es aquí y ahora, es en el hoy y el cada día donde se esconde el secreto de la vida, parece que quiere decirnos. Porque es una grave tentación el considerar como provisional cualquier situación que vivimos porque pensamos, equivocadamente, que aún están por llegar las circunstancias, las personas o los acontecimientos que van a permitirnos, por fin, vivir plenamente la vida. Y mientras, se nos va pasando esa vida y no nos damos cuenta de que en ese pan (tan corriente, tan sin importancia, tan insignificante), y en ese hoy (tan trivial, tan igual en apariencia a ayer y a mañana), es donde nos aguardan la vida y el don del Padre.


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