domingo, 28 de abril de 2013

Una sociedad hipócrita.


El mes pasado nació el hijo de una familiar amiga nuestra; nació prematuro, seismesino; estuvo a punto de morir, con tubos por todo su cuerpecito; los médicos se desvivieron por salvarlo. Ahora esta mejor dentro de la gravedad, pero lo que no se sabe aún es las secuelas que va a tener; todo hace pensar que va a tener una parálisis cerebral. La medicina avanza a pasos de gigante, e incluso se opera un feto en el vientre de su madre.

Pero lo que es un enigma, por lo menos para mí, es porque salvan a unos niños, y a otros no: ¿Cuál es la vara de medir? Pues este niño va a tener una discapacidad. A veces oímos en las noticias que han rescatado a  niños de la basura: todos nos echamos las manos a la cabeza. Pero… ¿Qué hacen con los niños abortados? ¿tiene más valor un niño abandonado por su madre que un niño quemado con sal en el vientre de su madre? Solo hay una diferencia: el primero llora, pero el segundo no lo han dejado llorar

La sociedad nos dejamos anestesiar con argumentos ya trasnochados: Hay que pensar cada uno con nuestra cabeza, y no dejarse influir: Un niño sindrome de down tiene el mismo derecho que este niño que ha nacido con problemas.