sábado, 7 de julio de 2012

Lavatorio de las manos



Después de la ofrenda del pan y del vino, el sacerdote se lava las manos aunque ya  la mayoría no lo hacen y dice en silencio: “Lava del todo mi delito, Señor; limpia mis pecados”, vemos como el sacerdote pide que le purifique de los pecados porque a partir de entonces ya no es cosa de los hombres sino de Dios.

El rito de lavarse las manos no es por higiene sino tiene un significado más rico. Es donde termina el trabajo del hombre para ahora que Dios se haga visible el en pan y vino convirtiéndose en Cuerpo y Sangre de Cristo: ya ha acabado el trabajo manual del sudor de la frente del hombre, ya se puede lavar las manos para ahora pasar a la acción divina donde no podemos intervenir. Un antes y un después