martes, 20 de marzo de 2012

Jesús esta ante el Templo de Jerusalén.

“Los soldados del gobernador llevaron a Jesús al pretorio y reunieron a toda la guardia alrededor de él. Entonces lo desvistieron y le pusieron un manto rojo. Luego tejieron una corona de espinas y la colocaron sobre su cabeza, pusieron una caña en su mano derecha y, doblando la rodilla delante de él, se burlaban, diciendo: «Salud, rey de los judíos». Y escupiéndolo, le quitaron la caña y con ella le golpeaban la cabeza. Después de haberse burlado de él, le quitaron el manto, le pusieron de nuevo sus vestiduras y lo llevaron a crucificar. Al salir, se encontraron con un hombre de Cirene, llamado Simón, y lo obligaron a llevar la cruz. Cuando llegaron al lugar llamado Gólgota, que significa «lugar del Cráneo»”. (Mt 27, 27-33)
Desde el pretorio al Gólgota tuvo que pasar por el Templo. En aquellos días era vísperas de la pascua, debían estar lleno de gente y de corderos los alrededores, amarrados y guiados por los levitas para su sacrificio en el templo; corderos sin manchas y ningún defecto; en un momento dado un hombre pasa con la cruz para ser ajusticiado. No es difícil suponer que paso sin atraer la atención del gentío e, incluso, puede que le dieran prisa para quitarse del medio para no molestar.

Los corderos iban a ser sacrificados como acción de gracias por haber salido de la esclavitud de Egipto. En ese momento pasaba el verdadero Cordero de Dios, ignorado y ultrajado, camino del Calvario par el gran Sacrificio para nuestra salvación.

Original de A. Palacio