lunes, 30 de enero de 2012

Discriminación en el AVE


El 28 de Junio fui a sacarme el billete en AVE de ida y vuelta Málaga-Madrid-Málaga en la agencia de viajes “viajes de película”, le dije que era para mí, y que pidieran asistencia de acompañamiento; no solo la pidieron sino que  me asignaron una plaza reservada para discapacitados. Cuando se realizó la reserva la agencia comprobó llamando a RENFE si todo estaba correcto: lo estaba. En ningún momento me dijeron que podía tener  problemas. Una vez que me dieron los billetes pague con mi tarjeta de crédito.
Fui a la estación una media hora antes, como se dice; fui con mis familiares al puesto de ayuda; todo se realizó normalmente, nos despedimos, pase el control de embarque, me montaron con ayuda de una plataforma, y me senté en mi  asiento. Todo estaba bien.
En el tren le pedí que me abriera una tarrina de ensaladilla.  Tuvo problemas con la bandeja que hay delante de mi asiento: no se deslizaba. Vino un compañero para ayudarla; me parece que era el supervisor. Una vez bajada la bandeja y abierta mi ensalada me puse comer. El trato fue muy bueno, vino varias veces a ver en que me podía ayudar.
Cuando llegamos a Madrid ya estaban esperándome, me bajaron con ayuda de la plataforma; una vez en el andén oí como decía el supervisor a mi ayudante:

-         Esto no puede ser. No tenía que haber viajado solo.
-         Sí. Después los marrones son para nosotros ¿Qué piensa hacer?
-         Escribir un informe del incidente. Diles a los familiares que no se puede subir solo

Esta conversación la oí en el andén mientras que nos acercábamos a la puerta de acceso de la estación. Hablaban como si el tontito no se enteraba, No les importaba ni lo mas mínimo mis sentimientos, como si fuese un bulto. Al acercarse, y ver que me recogían mis amigas con uniformes que se parece al de religiosas, se asustaron un poco: “ufffff”. Se lo dijeron que yo no podía viajar solo. Decidimos no hacer caso, y tener una estancia sin preocupaciones

El miércoles por la tarde decidimos dar como finalizada nuestra actividad antes de lo previsto por si hubiera problemas; mi amiga estaba decidida a acompañarme hasta Málaga ¡¿Qué amiga se prestaría a coger el AVE?! Nos presentamos sobre las 6 de la tarde al puesto de ayuda, dimos mi nombre y presentamos mi billete de tren para que no haya ningún tipo de mal entendido; un chico nos dijo que era muy pronto, y que volvamos a las 9.
Así lo hicimos, a las 9 regresamos, y todo iba bien: llamaron a los ayudantes, nos despedimos y me fui; y otra vez me vieron cara de tontito:

-         Al pasar por el control ¿nos ha visto el supervisor?
-         Estaba allí, debe habernos visto
-         Cuando lo ancle ve a avisarle, no vaya ser que nos la carguemos como paso al vez anterior


Me anclaron y me dejaron instalado ya el tren; estaba nervioso mirando el reloj del tren: la conversación
no me gustaba. Efectivamente, cuando faltaban dos minutos, sin ninguna explicación delante de los que estaban en el vagón,  me desanclaron, cogieron mis pertenencias y me bajaron. En un primer momento me resistí, pero… cuando llegue a la puerta de tren vi unos segundos al supervisor, y le hice un gesto como preguntado “¿Por qué?” su mirada fría me lo dijo todo: él era el que mandaba y me echaba de su tren a patadas.
Mientras regresamos al punto de asistencia me sentí como si se me tratara como un bulto sin derechos, vejado, manejado. Una vez allí, como es natural, mis amigas no estaban ya. El chico del mostrador me dijo que iba a llamar al teléfono que estaba allí, a lo cual me opuse pues no quería que mi madre, que tiene 81 años, se alterase. El chico intento varias veces, pero al ver como le suplicaba, paraba de marcar. No sé cuantos minutos pasaron, a mi me pareció muchos, hasta que oí: “Miguel, ya estamos aquí”  y una mano en mi hombro: PUFFFFFFF: en este momento me tranquilice.
Allí pasamos una tres hora discutiendo; primero mis amigas aprovechando su uniforme, dijeron que solo me prestaban el servicio de traerme a la estación, y que su misión acababa allí, y que los responsables era RENFE por haberme sacado del vagón. Pregunto cual era la alternativa que me podían ofrecer, le respondió devolver el dinero y llamar a al Asistencia Social que se ocupara de mi. Le dijo que no entendía como podía venir de Málga y no regresar. Entonces dije que yo había comprado los billetes de ida y vuelta, y nadie me dijo nada, de hecho había ya viajado solo en la ida. También se dijo allí que no podía viajar porque no era capaz de ir al baño solo; entonces me levante, y para sorpresa de los empleados, anduve varios metros “¿ven como es capaz? ¿Y quien es él para decidir si es capaz o no? Queremos ver el protocolo.”. Hay protocolo interno, o sea que a discreción de Sr. Interventor.
Cuando quisieron llamar a AASS, mis amigas le dijo que si llamaban, telefonearían a la prensa, y se tuviera a las consecuencias. A partir de aquí cambiaron de actitud. Puse una reclamación diciendo lo sucedido. Mis amigas dos más, una por no poder acceder a los protocolos de condiciones y de actuaciones; y otra por la accesibilidad entre las terminales de Atocha.
En vez de ir a AASS, acabe por tener un billete para Málaga al día siguiente sin acompañante, una noche en un hotel de cuatro estrellas y el taxi para los desplazamientos.
A la mañana siguiente todo se desarrolló con normalidad: fuimos al punto de asistencia, me despedí, y me llevaron al tren, todo ello con cortesía profesional, no pido más.
Una vez en Málaga, mi madre ajena a todo, le pidió al ayudante que nos acompañara hasta el taxi para quitarle peso.