sábado, 13 de agosto de 2011

El arbol


Jesús es para mí como un árbol” suelta Magdalena, una abuela africana, a bocajarro. “¿Cómo es eso? Cuentamelo”. Le pregunté curioso.

“Bueno,- dudó-, El tiene las raíces profundas; por eso no le falta nunca el agua y da buena sombra. Nunca pierde las hojas y da gusto quedarse sentado a su lado. Se está fresca y en paz. Te puedes apoyar en él con familiaridad ; no te va a echar de su lado y hay sitio para todos. La tormenta no lo rompe ; su madera aguanta el temporal. Sus frutos son más dulces y exquisitos que los del mercado, y, además, son gratis.”