lunes, 8 de agosto de 2011

(2) ESCOLARIZACIÓN E INTEGRACIÓN




En los años 60 los niños como yo podían hacer dos cosas: quedarse en sus casas o ir a los colegios de deficientes mentales, o de subnormales, como se decía; y en década anterior era peor: se escondía pues era una vergüenza para la familia.



Gracias a Dios mis padres optaron por llevarme a un colegio: calculo que tendría unos ocho años; antes mi madre se dedico a llevarme a  fisioterapeutas, logopedas –esta palabra no existía aún-, médicos,…; afortunadamente le dieron mas importancia a mi estado físico al académico; me puse de pie a los 5 años.



Fui a mi primer colegio, al Dulce Nombre de María donde me enseñaron a leer y hacer las cuatro operaciones; la verdad es que no guardo buen recuerdo. Mi profesor nos ponía un copiado y cálculo, y luego se iba a jugar al  ping-pong con sus compañeros dejándonos en la clase. . Recuerdo que una vez le pregunte a mi madre porque Jorge ya no era mi amigo; mi madre intento explicarme que mi amigo no crecía intelectualmente y yo si; eso no lo entendía. A los once años cambié de colegio: abría el primer colegio público de deficientes mentales en Málaga, el CREE, hoy Portada Alta.



Los profesores me acogieron muy bien; se dieron cuenta de mi deficiencia en mis estudios, y se dieron cuenta que no tenía ni la cartilla escolar. Se pusieron a enseñarme un poco mas enserio. Doy gracias a tantos profesores, Antonio Revuelta, Mª Carmen Madrid, Rafael,… Se pusieron a enseñarme en un rincón de la clase mientras los demás hacían copiados.



Pero iba creciendo y ya tenía problemas de inmadurez que lo arrastre durante bastantes años, y de adaptación: estaba en plena adolescencia; se me hacia ya muy pesado estar allí con compañeros deficientes mentales: empezaba a explotar.



Así que otra vez mis queridos padres se pusieron en marcha para buscar un colegio que quisiera acogerme. La integración aun no existía con lo cual era muy difícil de buscar pues dependía de cada uno y de su consejo de dirección, Al final encontraron a mi querido Puerto Sol, allí había un discapacitado desde pequeño; entré en 7º curso de EGB con compañeros de 12-13 años; yo tenia 15, con lo cual siempre he estado con mas pequeños que yo; y como consecuencia no maduré hasta muchos años mas tarde a base de palos; mi madre, que lo veía, trataba de que no sea tan niño ¡¡que lucha tenía, y cuanta razón tenia!!.



Y estaba el gran reto: ¿sería capaz de amoldarme a la vida escolar? ¿Tendría que volver al CRRE? Evidentemente no era conciente del “experimento” (en aquella época éramos pocos los que accedíamos y cada uno por separado). Y gracias a Dios que puso en mi camino a personas tan entregadas como D. Manuel Olea, Teodora, Bernardo, y tantos, y compañeros como José Serna, Santiago Muñoz,…. No solamente logré integrarme, sino llegué a finalizar mis estudios, estudié hasta COU (Curso de Orientación Universitaria) y después programador informático. Tres años más tarde el colegio tuvo que cerrar el bachillerato, por lo que tuve que volver a cambiar de colegio; fui al Romeral.