lunes, 9 de mayo de 2011

VIII José, el hombre de los sueños

VIII  José, el hombre de los sueños.
Génesis cap. 39-40

Jacob estaba de luto. De su hijo querido no quedaba más que una túnica ensangrentada. Lo único que podía pensar es que una fiera lo había devorado. En realidad, todos sabemos lo que él ignoraba; José era víctima de los celos de sus hermanos. Rubén y Judá habían procurado evitar lo peor vendiendo al hermano a unos comerciantes de camino hacia Egipto con sus productos de Oriente cargados en los camellos. ¿Dónde estaban los sueños de grandeza del hijo de Jacob?
Llegados a Egipto, vendieron por segunda vez a José  y éste fue nombrado mayordomo al servicio de Putifar, gran personaje de la corte del Faraón. No estaba mal. En su nuevo oficio, el chico se desenvolvió tan bien que al poco, su amo le confió la gestión de todos sus bienes. Entre las manos del joven hebreo, los negocios prosperaban; un aire nuevo soplaba sobre la casa, el ganado, los campos. Un éxito tan rápido, una tal eficacidad sorprendía todo el mundo. ¿Tenía José un secreto?
Putifar acabó comprendiéndolo; es el Dios de los Hebreos que acompaña a José con su bendición. Como dicen los hebreos, el Señor está con él. Pero todo se estropea cuando la mujer de Putifar se prendó del nuevo servidor. Rápido, despliega todos sus encantos para seducirle. Lo que la mujer quiere, Dios lo quiere, piensa ella. Pero era sin valorar la virtud de José. Ese resiste a las insinuaciones del ama de casa: era el hombre de confianza de Putifar y no quería traicionarle. Eso hubiera sido pecar, y contra su amo, y contra Dios.
Sin embargo la seductora no soltaba su deseo que se volvía obsesión. Creyó alcanzarlo un día que se encontró sola con José y aprovechando la ocasión le asió. Esta vez no podría escapar. Pero a la vez que hermoso y seductor, el joven era fuerte, física y moralmente y escapó de la tentación. Humillada, ella se vengó contando las cosas a su manera, es decir a la inversa de la verdad. “José había querido seducirla, pero, como esposa virtuosa había resistido y él había tenido que huir”.
Se imagina la decepción y la ira de Putifar por la traición de su hombre de confianza. Lo mandó a la prisión.
Menos mal, allí como por todas partes, el Señor estaba con José. El comandante del fortín se dio cuenta rápidamente de las cualidades de organizador del nuevo recluso y, como Putifar antes, dejó entre las manos de José la responsabilidad de los lugares, hombres y bienes. Cuando llegaron dos detenidos de alto rango: el gran copero y el gran panadero del faraón, pusieron el joven Hebreo a su servicio.
Una noche, esos grandes personajes tuvieron sueños tan incompresibles el uno como el otro. A la mañana, José los encontró tristes y cabizbajos. Eran sueños premonitorios y se preguntaban cuáles eran las intenciones del Faraón con respeto a ellos... además se acercaba el cumpleaños del rey y, según la costumbre, se daba un gran festín en palacio. ¿Los iban a invitar? ¿A darles la amnistía? ¿A rehabilitarles? Su impaciencia llena de angustia llegaba a su colmo.
Como no dudaba de la presencia de Dios a su lado, José se atrevió a proponerles para interpretar sus sueños…



                                                                                              Marie Noëlle THABUT

Traducido de “Panorama”, abril 2010