lunes, 14 de marzo de 2011

II La vocación de Abraham

II   LA VOCACIÓN DE ABRAHAM
Génesis, cap.12-25

Abriendo el capítulo 12 del libro del Génesis, se descubre un nuevo genero literario: nos cuentan una gran aventura, una saga familiar que comprende varios siglos y va a través del Oriente Próximo, según los desplazamientos de los nómadas y sus rebaños, pero también según las ordenes de Dios. La intención del autor no permite duda: ha decidido arraigar a los hijos de Israel en la memoria de la inmensa alianza que Dios ha contraído con sus lejanos antepasados.
Todo empieza con la historia de un anciano, nómada, Terah, que decide un día dejar su Babilonia natal –Ur de Caldea exactamente- con su hijo Abraham, con su mujer Sara y uno de sus nietos, Lot: con sus rebaños siguen la piste, una llanura larga entre el Tigris y el Eufrates, rica en agua, y luego bajaron hacia el Mediterráneo y la llanura de Canaán. Muerto Terah, siguen Abraham y Sara, ancianos y sin hijos. Pero a esa pareja estéril, Dios le promete larga descendencia, tan numerosa como las estrellas del cielo, que el polvo de la tierra. A pesar de lo insólito de la promesa, Abraham la toma en serio. Por eso, seguimos hablando de él en nuestros días, porque son hijos de Abraham  los que toman en serio las palabras de Dios, como lo dirá S. Pablo.
Dios lo ha previsto todo: le destina la tierra de Canaán, donde Abraham y su descendencia encontrará la prosperidad, la paz y la seguridad. Y por encima de todo, la amistad de Dios.
El primer contraste que nos sorprende es que, en su Babilonia natal, se pensaba que las divinidad reinaban sobre un territorio delimitado y sus habitantes, y he aquí que ese Dios, desconocido hasta ahora, parece acompañar a su amigo por todas partes y no hacerle caso de (a) las fronteras. De allí en adelante, la ruta de Abraham le lleva hacia la tierra prometido por Dios. Sin embargo, la descendencia prometida tarda en llegar. Pero Abraham guarda la misma actitud de fe. Dios repite la promesa, Abraham lo cree. ¡Isaac nace cuando su padre festeja sus cien años!
El porvenir de este niño es incierto porque la costumbre de muchos de sus contemporáneos es ofrecer en sacrificio el hijo primero a la divinidad local. Se cree que ese hermoso gesto trae numerosos hijos a la pareja. ¿Tomará ese riesgo Abraham? Humanamente sería una locura, pero Abraham cree en la promesa de su Dios y está dispuesto a todo. El día en que Dios le dice: “Ofréceme a tu hijo”, Abraham se prepara para el sacrificio. En el último momento, descubre que se equivoca sobre las intenciones de ese Dios diferente que no quiere sacrificios humanos. Ha dicho “ofréceme”, no “mata”. Y luego:”No extiendas tu brazo sobre el niño”. Ofrecer, en lenguaje bíblico, significa ver en él un regalo de Dios.
En definitiva, se puede resumir la aventura de Abraham en esas palabras: “Abraham tuvo fe en el Señor y por esto fue considerado como justo”, es decir en concordancia con el proyecto de Dios.

                                                                                  Marie Noëlle THABUT
                                                                                              Biblista

Traducido de “Panorama”, octubre 2009