miércoles, 21 de diciembre de 2011

Arca de la Nueva Alianza

Muchas veces me he preguntado que significaba en las letania "Arca de la Nueva Alianza", y quiero compartir con vosotros una pequeña reflexión, ahora que estamos a algunos días de la Navidad.

El arca de la Alianza era la Caja donde estaba las Tablas de la Ley dada a Moises por Yavée, esta estaba en el Templo de Jerusalem, puesta en el sancta santorum o lugar más sagrado del tabernaculo. Este lugar nadie podia acceder nadamas que el sumo sacerdote

Pues bien, la Virgen Maria durante nueve meses es el Arca de la Nueva Alianza, el vientre fue, es y será el arca donde esta nuestro Salvador. Solo Dios pudo encarnase en el seno virginal de María

miércoles, 30 de noviembre de 2011

LAS LUCES QUE CIEGAN EL ALMA


Queridos hermanos.

En estos días nuestras calles se llenan de luces y color, el ambiente navideño nos empuja a la calle, hacer compras, comer, y un largo sinfín.
Nosotros, los cristianos, preparamos la cuna en nuestros corazones para posar sobre el al Mesías.
Os deseo un feliz Adviento; que las luces de la Navidad no nos ensombrezca el deseo de preparar dignamente el gran acontecimiento.
            FELIZ ADVIENTO

viernes, 11 de noviembre de 2011



Hay que saber compaginar la vida religiosa con la vida de cada día

lunes, 24 de octubre de 2011

(9). PEREGRINACION A TIERRA SANTA.


Noviembre 09

No sé como empezar. Supongo que por el principio, por los árabes, como decía mi padre. Las ideas e impresiones me vienen a la mente como torrente que apenas puedo coordinar y poner en claro lo que quiero expresar aquí: las palabras no pueden transmitir el gozo que mi alma siente.

Nunca pensé ir a Tierra Santa; todo el mundo decía lo mismo: había que andar mucho y por calles o caminos de adoquines, de tierra, con muchas cuestas. Un día mi padre y yo estuvimos hablando de ello, y le dije que lo veía como Egipto: mucho andar, calor, cansancio, en fin, un viaje irrealizable.

Antes de seguir con esto debo decir que con los años he empeorado mucho físicamente. Ya me cuesta hacer ciertas cosas, soy mas lento, utilizo andador en la calle… Los años no pasan en balde, y menos para mí. Con esto quiero decir que si pensaba esto hace quince o veinte años, ahora imaginaros: ir a la luna, como digo a los amigos. Hay que ser conciente de sus posibilidades. A los que no me conocéis os diré que no soy de los que miran al pasado con añoranza; al contrario estoy contento de ser lo que soy

Un día, uno de tantos, vino una amiga, María, y nos propuso lo impensable: ir a Tierra Santa con un grupo de personas que se dedican a eso, a llevar gente con problemas físicos. Nos miramos mi madre y yo, diciendo: imposible, con los impedimentos de los dos, no es posible. Pero bueno, no dijimos que no, nunca hay que decir que no. A los tres días vino a vernos expresamente de Madrid Ana Palacios, la directora de la Hospitalidad Jesús de Nazaret. Aquí me derrumbe frente a hechos: Lo imposible ya era una realidad, ya habían estado; solo había que decir que sí. Hasta este momento no era conciente de las ganas que tenia de realizar este viaje; estaba dormido en algún lugar del subconsciente. Algunos, a esto le llaman casualidad, otros suerte, pero yo lo llamo Providencia: a cada uno le llega su momento, y el nuestro nos llegó este día, solo había que decir que sí: Le dijimos que sí.

En las semanas que pasaron entre aquel día y el viaje tenia un sentimiento de preocupación y alegría desbordante. Miedo, primero por mi madre que tiene ya muchos años y enfermedades ¿iba a aguantar? ¿Demasiado esfuerzo? ¿Qué pasará si le duele la pierna?o ¿una hipoglucemia? Una incertidumbre. Y yo ¿aguantaré? ¿Si no duermo bien? ¿Si la espalda? En fin miedo a lo desconocido. Y una alegría inmensa pues, aunque era inconciente de ello, estaba loco por ir.

Llegó el gran día y a las 5 de la mañana dejé en la cama mis temores, ahora había que coger el avión a Madrid donde nos esperaban el resto de los peregrinos; asegurar maletas, pasaportes, billetes de avión… una emoción contenida, no había tiempo. A la llegada a Madrid nos esperaban dos hopitararias para llevarnos al grupo de peregrinos; allí todos eran descocidos menos las que vinieron a casa para entrevistarnos

Ahora la palabra grupo me suena casi ofensivo, pues jamás pensé que unos extraños, en tan poco tiempo, su convirtieran en amigos de verdad. A medida que iban pasando las horas nos íbamos conociendo. Pero no un conocimiento superficial como compañeros de asiento, sino que se compartían muchas vivencias, siendo amigos de los de verdad. Al regreso nos despedimos como verdaderos hermanos. Compartimos muchas experiencias, conversaciones, emociones, alegrías. ¡Cuantas Gracias espirituales hemos recibido! Todos aquellos Santos lugares, vivencias con los amigos.

Del itinerario que hicimos no voy a entrar pues a cada peregrino el Espíritu Santo le sopla por donde más le conviene; a unos le dice un sitio más que otro, como pasa leyendo el Evangelio; uno vuelve a leer y encuentra una nueva faceta. Pero no puedo dejar pasar la Misa que tuvimos en la barca en el Mar de Galilea: aquella luminosidad, aquella paz, el paisaje, agua tan mansa; me hacia pensar como debía ser la mirada de Jesús, lo transparente, lleno de bondad para predicar la Buena Nueva, el Reino ¿no es “casualidad” que en medio de su tierra tan convulsa, exista un Mar de Galilea?

Una de las cosas que más me han impactado, aparte de los Santos Lugares, es el valor del testimonio: No sabía hasta que punto yo podía serlo; y con eso no quiero que se me interprete mal: soy el último. Soy alegre, abierto, charlatán y, fundamentalmente, cristiano. No era conciente del bien que podía hacer a los demás pues soy así y no lo puedo remediar; allí me di cuenta de esta realidad que para mí pasaba desapercibida. El último día Pedro, un hospitalario, me dio su brazalete de voluntario porque –palabras textuales-: “Miguel se merece más que yo este brazalete”. Como comprenderéis para mi fue un golpe pues yo no merezco este reconocimiento porque soy así. Ahora todos los días en mis oraciones Le pido que no olvide mi responsabilidad de dar testimonio, que a las personas que veo, les dé luz en mi alegría, que vean a Jesús.

Mi inolvidable peregrinación a Tierra Santa

domingo, 9 de octubre de 2011

(8). HISTORIA DE UNA FE.

Desde pequeño sentía la llamada; tengo unos padres que me han transmitido la Fe; íbamos a Misa en familia, mi madre nos explicaba lo que hacia el sacerdote, íbamos a confesar con mi madre, ella también se confesaba con lo cual nos daba el testimonio cuando nos llego la edad rebelde, en fin… una familia cristiana.

A los 11 o 12 años decía que iba hace sacerdote; indudablemente sentía Su llamada aunque todavía infantil. A los 14 15 (en la adolescencia) fui a un grupo cristiano de minusválidos y enfermos, pero lo deje, me aburrí, eran personas mayores, con sus problemas, y todos se quejaban y no actuaban: necesitaba mas aire

Después intente varias cosas, incluso montar mi propio grupo; y acabe en un Movimiento juvenil en la que estuve unos 3 años allí, pero ese tampoco era mi sitio. Pero allí me enamoré del ambiente cristiano juvenil. Sentía el mono

Una vez que fuimos a Misa en San Pedro, vimos un grupo de jóvenes cantado y preguntamos. Y allí sigo, desde hace unos 27 años. Estoy en una Comunidad (22 años llevamos) del movimiento MAC, nos dedicamos a los niños y jóvenes de las barriadas marginales: me volví a enamorar hasta hoy.
www.movimientomac.es

Hace unos años navegando por Internet descubrí la pagina de Lolo, un periodista discapacido http://www.amigosdelolo.com/ que me  hizo bien, me hizo reflexionar sobre el valor entre oración y del apostolado.

Hace 2 años fui con mi madre a Tierra Santa en una peregrinación … Alli, aparte de conocer los sitios donde paso la vida de Jesús, hice un descubrimiento, quizás el mayor: el valor de mi testimonio, antes sabia que lo daba pero no era conciente.

Ahora sé que tengo que testimoniar, tengo la obligación y la responsabilidad frente a los demás.   Por eso estoy escribiendo capítulos de mi vida, para que sea luz para alguien.

martes, 4 de octubre de 2011

EL OFRECIMIENTO


EL OFRECIMIENTO


            El ofrecimiento es poner en manos del Señor nuestras obras, pensamientos, sufrimientos, anhelos, alegrías, tristezas, y un sin fin de cosas que nos pasan a lo largo del día, para hacernos corredentores de Xto en la cruz; es poner en sus manos nuestros sentimientos y acciones, incluyendo, porque no, las cosas negativas que hacemos,

            Para sentirnos corredentores de Xto. Hay que tener claro que somos parte esencial del Cuerpo Místico: solo así podemos intuir nuestra participación, aunque sea una gota en el oceano, en la Cruz. Efectivamente quien no cree en la coparticipación de la Pasión, es difícil que vea la utilidad del ofrecimiento.

            Otra de las condiciones es la generosidad: es poner a disposición nuestra propia persona, como somos, asumiendo nuestras riquezas y debilidades, para que puedan disponer de nuestro ofrecimiento. Una persona que no ofrece esta aislada, es como una célula que no aporta su misión, es un parásito. La generosidad no solo es dar no solo de lo material, o de nuestro tiempo, etc., sino de nuestro propio ser, tal y como somos. Es algo que es difícil de comprender pues entra en el misterio de la comunicación de los santos.

            Con el ofrecimiento dejamos esta riqueza en manos del Señor. Es verdad que tenemos que aplicarla a las personas de nuestro alrededor, como Jesús nos dijo. Pero tengo el íntimo convencimiento que nuestro ofrecimiento repercute a todo el Cuerpo Místico. Como seres finitos pedimos por todo lo que nos parece y sentimos necesitados, pero también por lo que nos hace falta sin saberlo, por las personas que lo necesitan y que no conocemos, por tantas cosas que no sabemos expresar. En una palabra: no es una “pastilla” para un mal determinado (algo finito), sino que se extiende, beneficia a todo el Cuerpo por poco que nos parezca.

            Jesús nos dio el mandamiento del amor: uno de los infinitos caminos del amor es el del ofrecimiento ¿de que me vale ofrecer si no amo a los demás?, el ofrecer implica darse a los demás, no de una forma activa pero si de manera que comulgamos con los demás a través de nuestro sentir.

            Hay un momento en el ofertorio de la misa, donde el sacerdote pone unas gotas de agua al vino, se llama memento, pues esas gotas de agua representa nuestra ínfima contribución a la redención: me gusta, en ese instante, ofrecer todo mis sufrimientos, anhelos, frustraciones, deseos, todo lo que me preocupa; para dar lo poco que soy al cuerpo místico.

            Muchas veces he oído decir que no se puede dar lo que no se tiene; no estoy de acuerdo: en el ofrecimiento del día se puede dar lo que uno carece, (la salud, cuando no se tiene, el no poder hacer tal o cual cosa). ¿No tiene valor el ofrecer lo que no tenemos?

            Hágase Tu voluntad. Que frase más sencilla y a la vez difícil de entenderla: es ponerse en Sus manos nuestro yo, entero. Pero eso no quiere decir el abandonarse, sino aceptar la voluntad para nosotros, sin revelarnos, dando un sí como María; agradeciendo los favores recibidos; y asumiendo, aceptando nuestras carencias sublimando nuestros anhelos, nuestros sacrificios, para ponerlos al servicio de los demás.


Un camino para el ofrecimiento

            Primero hay que tener conciencia de ofrecimiento y para ello hay que saber que tenemos una herramienta que todo el mundo la tiene. ¿Qué es el ofrecimiento?, Es el modo de estar con Jesús en la cruz, ser coparticipe de su sufrimiento. Claro esta que mi aportación es ínfima, pero sin ella no seria nada pues si El murió por mi, yo debo aportar algo. Como digo antes, es la gota de agua que se pone en el vino: sin ella seria incompleta la consagración. De esta manera me convierto en corredentor, de forma totalmente activa pese a mi miseria humana.

 ¿Quién no ha ofrecido el día? Todas nuestros actos, nuestras carencias, pensamientos,... si están ofrecidos, se beneficia todo el mundo aunque a lo largo del día, aunque no nos acordemos de El. Es otra manera de la oración perpetua. Durante el día podemos tener conciencia de que nuestras acciones repercuten a los demás y así contribuir, sin darnos cuenta. Es como una gota de sangre que oxigena y a la vez necesita de las venas para llegar al corazón. A mi me gusta pensar que soy una célula de una vena pues no soy quien para ser sangre pero si una parte pequeña de la vena, pues tengo conciencia de pertenecer al Cuerpo Místico.

            Una persona que no ofrece es como la que no comunica su riqueza interior, se guarda todo para si. Es como un parasito que chupa la sangre sin dar nada a cambio; no hay amor, generosidad, capacidad de darse. Son conceptos que a mi forma de ver también se puede aplicar aquí, pues son diferentes maneras de amar; no hay que ceñirse a lo material sino también se puede dar lo que somos.

            Otro problema es el de no dar importancia a lo que hacemos, debo decir que a mi me pasa; no veo el merito a lo que hago, a lo que soy: aunque me este mal decirlo, me tengo como una persona buena, pero porque me sale, no porque lo sea; no sé si me expreso bien ¿y que valor tiene si un niño ofrece comer un dulce? Lo mismo me pasa a mi. ¿Pero, qué derecho tengo en juzgar lo que vale o lo que no? Lo importante es darse por entero, las cosas buenas y malas Lo importante es de poner a disposición todo nuestro ser al Reino. Santa Teresita es patrona de las misiones, y eso que no ha salido del convento.


sábado, 1 de octubre de 2011

La fábula del puerco espín

La fábula del puerco espín

Durante la Edad de Hielo, muchos animales murieron a causa del frío.


Los puercoespín dándose cuenta de la situación, decidieron unirse en grupos. De esa manera se  abrigarían y protegerían entre sí, pero las espinas de cada uno herían a los compañeros más cercanos, los que justo ofrecían más calor. Por lo tanto decidieron alejarse unos de otros y empezaron a morir congelados.

Así que tuvieron que hacer una elección, o aceptaban las espinas de sus compañeros o  desaparecían de la Tierra. Con sabiduría, decidieron volver a estar juntos. De esa forma aprendieron a convivir con las pequeñas heridas que la relación con una persona muy cercana puede ocasionar, ya que lo más importante es el calor del otro.

De esa forma pudieron sobrevivir.


Moraleja de la historia

La mejor relación no es aquella que une a personas perfectas, sino aquella en que cada individuo aprende a vivir con  los defectos de los demás y  admirar sus cualidades.

viernes, 23 de septiembre de 2011

(7). JUBILACION.

Después de dieciocho años de trabajo me jubilé: mi trabajo me gustaba y era interesante, pero muy estresante, llegaba a casa rendido, me sentaba en el sillón, y descansa.  Una vez que estaba enfermo de stress me llamaron de la mutua, y me propusieron pedir la jubilación por enfermedad: acepté. Fue varios meses de papeleo y de tribunales médicos.  Una vez estaba esperando mi turno,  todos estábamos enfermos, piernas rotas, manos vendadas... ¡¡cuando me llaman se armó una espectación!! .
Una vez retirado retome la fisioterapia y logopedia ya que has había abandonado. Mi deterioro físico era patente: ya no podía andar por la calle, así que tuve que tomar un andador, cosa que me costo asimilar.
Ahora mi vida es reducida pero feliz: Salgo a la calle a tomar mi cafelito, hablo con unos y con otros, participo en Misa en Radio María, le doy al ordenador, chats, foro, blog; me divierto con cosas así intentando aportando algo a los demás. Vivo con mi madre que es mayor (81 años) y por ahora no necesitamos ayuda asistencial.
Una de las cosas por la cual he abierto este blog es para dar mi pobre testimonio a quien lo necesite, darle animos a quien se sienta triste: VALE LA PENA LUCHAR.

jueves, 8 de septiembre de 2011

(5) INFORMATICA Y PARO.

Después  de COU, y de suspender Selectividad, cosa que no me importo, estudie FP2 Informática, era una cosa fácil, que me gustaba las matemáticas y con mucho futuro.  Lo hice en dos años pues me convalidaron asignaturas de BUP. Por primera vez estaba en un entorno no protegido, en el mundo real. Algunas veces  iba o venía a clase con algunas compañeras en su coche produciéndome cierta libertad, y no depender de mi madre. Los profesores eran más “liberales”, la empresa de la academia cometió una estafa y por poco vemos cerrarla produciendo una incertidumbre y, claro, revuelo.

Todo esto hizo que me vaya haciendo a la vida real, con un cierto aire de normalidad, aunque seguía siendo un joven inocente e inmaduro que le parecía que se iba a comer el mundo ¡¡bendita juventud!!  Creía que con mi flamante título de programador informático, primera promoción en Málaga y las ayudas por contratar un discapacitado, me rifarían.

Muy lejos de ser así. Estuve cuatro largos años en el paro; hice mi primer programa para un bingo, mi hermana consiguió que me hicieran una entrevista de trabajo, que se quedó en eso: una visita de cortesía; visité varias veces a  un profesor que estaba en Sanyo como programador: nada; estuve en una empresa de informática un año como práctica.  Finalmente llegue a mi asociación de parálisis cerebral, allí hice trabajos administrativos como voluntariado durante años. Al tiempo me emplearon como administrativo.

Era tal punto mi frustración que me pre matriculé en Cádiz en la CAMF, una escuela profesional de discapacitados, para hacer no sé qué cursillo para salir de mi casa, y airearme un poco. ¿De qué me había servido tanta lucha? ¿Para qué tanta integración si luego no había salida? Estaba desesperado. Ahora sé lo angustiados que estaban mis padres viéndome en  casa no haciendo nada por cuanto había luchado y ganado un sitio en  la sociedad; cuanto habían luchado por mí.


sábado, 3 de septiembre de 2011

(4). SELECTIVIDAD

Tras muchos años de esfuerzos, superación y ayuda de mis padres, de profesores y compañeros, llegue a COU (Curso de Orientación Universitaria), logré aprobar.


Unos 15 días después de los exámenes de COU se pasa la selectividad (acceso a la Universidad; en mis tiempos, me parece recordad, se pasaban en dos días, mañana y tarde.


Yo no tenía la intención de estudiar una carrera universitaria, pero sí de ejercitar mi derecho a examinarme, rompiendo una barrera hacia la normalización. Así que mis padres hablaron con el Tribunal para ver de que manera podría pasarlo. Propusimos llevar mi maquina eléctrica (era el año 84,  todavía no había ordenadores personales) pero dijeron que no, solo me concedieron escribir a mano –escribo mal- mis exámenes en el doble de tiempo; y grabar la conferencia, que era una prueba mas de selectividad  de entonces, en cinta para que pudiese hacer mi esquema porque soy incapaz de coger apuntes.


Me pusieron el la tarima, enfrente de mis compañeros y de cientos de estudiantes, ya imagináis la expectación que había en la aula de la universidad; y empezamos el examen.


Como tenia el doble de tiempo significaba tener que volver al turno siguiente para realizar lo que no me había dado tiempo, esta vez sin mis compañeros, con lo cual fue mayor la sorpresa de los estudiantes. Lo más penoso fue el saber que mis compañeros ya estaban de vacaciones, esperando las notas, y yo empezar de nuevo.


Unos días mas tarde, antes que dieran los resultados, mi padre envió una carta al Tribunal, que con indepencia que aprobase o no, de agradecimiento por haber facilitado el acceso a la prueba de acceso; a la cual le contestaron diciendo que se veía que sabia mas de lo escrito, pero que objetivamente me habían puntuado en base a lo escrito: suspendí, y no me presente a la convocatoria de septiembre. Estudié informática, programación de gestión de empresas.


Los objetivos estaban cumplidos: por una parte, mi sastifacción personal de haber llegado hasta allí, que en aquella época pocos discapacitados fuimos capaces de llegar. Y en segundo  lugar, saber que abría una brecha para futuros universitarios discapacitados.



Gracias a Dios que tengo a mis padres que me exigieron todo lo que podía dar; sin ellos estaría sentado en una silla de ruedas sin poder moverme en mi asociación. Mis estudios me costaron mi esfuerzo pero ha merecido la pena no solo para mi realización sino para dar un testimonio de vida para mayor Gloria de Dios.


viernes, 26 de agosto de 2011

(3). VIDA DE ESTUDIANTE

Tras 5 años de estar en colegios de deficientes mentales logré escolarizarme en un colegio “normal”, que me supuso un paso de gigante para mi realización personal. Lo podéis leer en “integración”. Ahora quiero hablaros de mis estudios en dos colegios.

Fui al Puertosol en donde estuve con compañeros fenomenales, me acogieron muy bien, me pasaban los apuntes a calco, en aquellos tiempos no había ordenadores, Pepe Serna, Santiago Muñoz… . Los profesores me facilitaban en todo, y en particular D. Manuel Olea. En aquella biblioteca aprendí a buscar información para los trabajos escolares.

En cuanto a los exámenes cada profesor me ponía un tipo de prueba según su gusto: tipo test, rellenar frases, oral, verdadero o falso… pero debo decir que no me los regalaban.

En cuanto a los compañeros la mayoría se portaron bien, era una época donde todavía no era frecuente como compañero a un discapacitado; pero en mi curso había otro, Pepe Serna que le recuerdo mucho, él solo tenia las piernas afectadas, pero es probable que diese un ambiente de normalidad.

Allí estuve tres maravillosos años cuyos recuerdos me brotan ahora. Pero debieron cerrar el BUP (bachillerato), y me vi forzado a irme de mi colegio, entraba en segundo. Tras mucha búsqueda por parte de mis padres, fui al Romeral, un colegio católico; allí el ambiente era muy distinto. Me tropecé con algunos compañeros que me hacían la vida imposible, profesores que no le agradaba tenerme como alumno, menos mal que todos no eran así, en particular D. Eduardo Martínez, y Jesús Sánchez. En aquel colegio empecé a ver lo que era la vida; hasta entonces era un inmaduro adolescente.

A los 21 años acabe el COU, 3 años más que mis compañeros. Suspendí la selectividad pero me sentía orgulloso de haber llegado hasta allí. La podéis leer en el capítulo “selectividad”; entré en FP2 Informática.

sábado, 13 de agosto de 2011

El arbol


Jesús es para mí como un árbol” suelta Magdalena, una abuela africana, a bocajarro. “¿Cómo es eso? Cuentamelo”. Le pregunté curioso.

“Bueno,- dudó-, El tiene las raíces profundas; por eso no le falta nunca el agua y da buena sombra. Nunca pierde las hojas y da gusto quedarse sentado a su lado. Se está fresca y en paz. Te puedes apoyar en él con familiaridad ; no te va a echar de su lado y hay sitio para todos. La tormenta no lo rompe ; su madera aguanta el temporal. Sus frutos son más dulces y exquisitos que los del mercado, y, además, son gratis.”

lunes, 8 de agosto de 2011

(2) ESCOLARIZACIÓN E INTEGRACIÓN




En los años 60 los niños como yo podían hacer dos cosas: quedarse en sus casas o ir a los colegios de deficientes mentales, o de subnormales, como se decía; y en década anterior era peor: se escondía pues era una vergüenza para la familia.



Gracias a Dios mis padres optaron por llevarme a un colegio: calculo que tendría unos ocho años; antes mi madre se dedico a llevarme a  fisioterapeutas, logopedas –esta palabra no existía aún-, médicos,…; afortunadamente le dieron mas importancia a mi estado físico al académico; me puse de pie a los 5 años.



Fui a mi primer colegio, al Dulce Nombre de María donde me enseñaron a leer y hacer las cuatro operaciones; la verdad es que no guardo buen recuerdo. Mi profesor nos ponía un copiado y cálculo, y luego se iba a jugar al  ping-pong con sus compañeros dejándonos en la clase. . Recuerdo que una vez le pregunte a mi madre porque Jorge ya no era mi amigo; mi madre intento explicarme que mi amigo no crecía intelectualmente y yo si; eso no lo entendía. A los once años cambié de colegio: abría el primer colegio público de deficientes mentales en Málaga, el CREE, hoy Portada Alta.



Los profesores me acogieron muy bien; se dieron cuenta de mi deficiencia en mis estudios, y se dieron cuenta que no tenía ni la cartilla escolar. Se pusieron a enseñarme un poco mas enserio. Doy gracias a tantos profesores, Antonio Revuelta, Mª Carmen Madrid, Rafael,… Se pusieron a enseñarme en un rincón de la clase mientras los demás hacían copiados.



Pero iba creciendo y ya tenía problemas de inmadurez que lo arrastre durante bastantes años, y de adaptación: estaba en plena adolescencia; se me hacia ya muy pesado estar allí con compañeros deficientes mentales: empezaba a explotar.



Así que otra vez mis queridos padres se pusieron en marcha para buscar un colegio que quisiera acogerme. La integración aun no existía con lo cual era muy difícil de buscar pues dependía de cada uno y de su consejo de dirección, Al final encontraron a mi querido Puerto Sol, allí había un discapacitado desde pequeño; entré en 7º curso de EGB con compañeros de 12-13 años; yo tenia 15, con lo cual siempre he estado con mas pequeños que yo; y como consecuencia no maduré hasta muchos años mas tarde a base de palos; mi madre, que lo veía, trataba de que no sea tan niño ¡¡que lucha tenía, y cuanta razón tenia!!.



Y estaba el gran reto: ¿sería capaz de amoldarme a la vida escolar? ¿Tendría que volver al CRRE? Evidentemente no era conciente del “experimento” (en aquella época éramos pocos los que accedíamos y cada uno por separado). Y gracias a Dios que puso en mi camino a personas tan entregadas como D. Manuel Olea, Teodora, Bernardo, y tantos, y compañeros como José Serna, Santiago Muñoz,…. No solamente logré integrarme, sino llegué a finalizar mis estudios, estudié hasta COU (Curso de Orientación Universitaria) y después programador informático. Tres años más tarde el colegio tuvo que cerrar el bachillerato, por lo que tuve que volver a cambiar de colegio; fui al Romeral.


martes, 26 de julio de 2011

(1) INTRODUCCIÓN


Hace tiempo que quiero escribir algo de mi vida; no pretendo que sea una autobiografía sino unos capitulillos breves que se pueda entrever lo que ha sido mi vida.

Si no lo he hecho antes es por temor a la petulancia y al engreimiento que se pueda caer en estas cosas. Lo que me ha hecho empezar a escribirla es mi viaje a Tierra Santa: allí me di  cuenta que mi testimonio era muy útil a los demás; lo intuía pero creía que era cosas mías, que era un afán de protagonismo.  Cada uno tiene una vida particular que puede ser más o menos interesante a los demás, depende de los puntos en común que haya, o lo acnédoctico que tenga.

Nací en el año 1961; mi madre es francesa, mi padre abogado: unos grandes luchadores. En aquellos años tener un niño discapacitado, o invalido como se decía en aquellos tiempos, era una vergüenza, y el único sitio era en la casa o en una institución escondido. Desde los 6 meses estuve haciendo rehabilitación; como es de suponer, no había profesionales especializados. Por poner un ejemplo, mi primera logopeda era una profesora de canto – Luchi, mi querida Luchi - pues no la había en Málaga la titulación; tengo el vago recuerdo de que me ponía pedazos de papeles sobre la mesa y que tenía que sobrar hasta que se cayera al suelo, para mi gran regocijo.

Una de las muchas preguntas de mis padres era mi inteligencia ¿me habría afectado también la inteligencia? ¿Hasta que punto? Una vez fuimos a un médico, uno de los muchos que visité de pequeño, mediante un juego – empujar un objeto y él me lo volvía a poner a mi alcance- les afirmo que yo era inteligente, cosa que les tranquilizó; y con el paso del tiempo se reafirmo este diagnóstico.

Mi madre me cuenta que me ponían boca abajo en una mesa de cintura para abajo, el ejercicio consiste en subir y mantenerme recto; lo que me hizo coger fuerzas para mantenerme de pie – este ejercicio lo hice hasta los 30 años- . A los cinco años fue mis primeros pasos, a los ocho empecé a ir al colegio. Fui de gimnasio en gimnasio hasta los 14 años, en que ya los músculos empiezan a ser menos flexibles, después no paré para mantenerme en forma. Es una lucha constante contra mi cuerpo.


Gracias a Dios tengo unos padres luchadores, que han peleado por mí sin los cuales estaría sentado en una silla de rueda y sin estudios; gracias a ellos tengo la dicha de tener una vida correcta, teniendo mi lugar en mi familia y en la sociedad, y saber ponerme metas alcanzables

miércoles, 22 de junio de 2011

XII. La reconciliación

XII. LA RECONCILIACIÓN.
Génesis cap. 43-45.

El viejo Jacob estaba esperando con angustia la vuelta de sus hijos. El tiempo pasaba y se preguntaba si tendrían dificultades con el mayordomo del Faraón. Este importante hombre parecía muy desconfiado e incluso los había acusado de ser espías. Y con ese pretexto, había guardado a Simeón como rehén.
Nadie sospechaba que ese hombre temible era José, el hijo vendido a los mercaderes y que Jacob creía muerto. Nosotros sabemos que esa severidad era aparente: su única meta era reencontrar a su familia; pero no quería desvelar su secreto demasiado pronto porque quería indagar los verdaderos sentimientos de sus hermanos. ¿Cómo habían evolucionado? ¿Se podía confiar en ellos, hoy? Parecían más humanos, preocupados unos de los otros y su conversación en su lengua maternal que un intérprete traducía, respiraba franqueza y remordimientos. Pero, ¿Hasta donde era verdad? La última estratagema le permitiría saberlo de verdad.
Benjamin era el más joven, el más delicado, y su padre los había abrumado de recomendaciones. Otra vez ¿los hermanos se pondrían celosos? O, ¿jugaría el espíritu de familia? Para asegurárselo, José manifestó una preferencia manifiesta por él, incluso lo expuso a un gran peligro.
Todo empezó con un gran banquete en la casa de José. Benjamin disfrutó de más y mejor comida que sus hermanos que no protestaron para nada. Luego, José hizo rellenar los sacos de trigo de cada uno, con el dinero integral que habían pagado. No tenía intención de enriquecerse a sus expensas. Y en el saco de Benjamin, disimuló la preciosa copa de plata, propiedad personal de José que le servía para practicar las adivinaciones. Los once hermanos se fueron. Todo  en regla aparentemente y el mayordomo los había dejado irse.
Pero, camino de vuelta, en la primera acampada, un comisario mandado por José llegó para inspeccionar los sacos. Encontraron la famosa copa en el de Benjamin que no entendía nada. Volvieron estupefactos, comparecieron delante de José, muertos de miedo. ¿Iban a reducir a Benjamin a la esclavitud? ¿O la muerte?
La hora de la verdad había llegado para José. Y nos encontramos con una de la más hermosa página de la Biblia, de las que nos permiten creer que la Humanidad puede mejorar. Judá tomó la defensa de su hermano menor, el hijo de Raquel, argumentando que sería una desdicha irreparable para su anciano padre. Judá incluso propuso tomar el sitio de su hermano.
Entonces José supo lo que quería saber y pudo perdonar. Lloró con emoción. Había llegado la hora de la reconciliación: desveló a sus hermanos su real identidad. El palacio del Faraón se llenó de los llantos de los hijos de Jacob.


                                                                                  Marie Noëlle THABUT

Traducido de “Panorama”, septiembre 2010.

miércoles, 15 de junio de 2011

XI. Las estrategias de José

XI. LAS  ESTRATAGEMAS DE JOSE.
Génesis, cap.43

El clan de Jacob estaba inquieto. El patriarca, previendo la falta de víveres, había mandado a sus diez hijos a Egipto para comprar trigo. Era lo normal en aquel tiempo. Sin embargo, receloso, había guardado con él al más joven, Benjamin. Se acordaba de tiempos pasados en que otro de sus hijos había sido devorado por una fiera. De ese hijo, solamente le quedaba la túnica llena de sangre que le habían traído los hijos mayores.
Y ahora, a la vuelta de la nueva expedición, faltaba otro, Simeón. Parece ser que lo habían guardado como rehén, y se exigía que vuelvan todos, pero esta vez con Benjamin. Entonces liberarían a Simeón. Esta historia perturbaba a Jacob. A pesar de su azarosa vida pasada, era padre... además veía que sus otros hijos no estaban muy tranquilos. No le decían nada a él, el viejo, a lo mejor para no inquietarle, pero sus conciliábulos sin fin en voz baja demostraban su angustia.
De hecho, vista de lejos, la situación era rara. Allí los habían casi maltratado: ellos venían honradamente para comprar trigo por la hambruna, y se disponían a pagarlo. Pero en cuanto lo habían introducido frente al mayordomo del Faraón, José  (no lo habían reconocido)  los había tratado como espías. Y para probar su buena fe, exigía ver a Benjamin a la vuelta. Sin eso, no volverían a ver a Simeón.
¿Empezaba su conciencia a despertar? El recuerdo de su mala acción pasada volvía a la memoria. ¿Estarían pagando su culpa pasada? “Te lo había dicho: cuando abandonamos a José hemos acumulado en nuestra cabeza la venganza del cielo”. Y esta sospechosa historia del dinero complicaba más las cosas. (En los asuntos, ya se sabe, los regalos son raramente desinteresados). Y todo el dinero que habían pagado por la carga del trigo, lo habían encontrado otra vez en sus sacos. ¿Quién ha hecho esto? ¿Por qué? Alguien los quiere acusar.
Gracias a Dios, la inquietud puede ser camino de conversión, y es lo que José esperaba. Su rencor seguía latente, pero más fuerte era la esperanza de una reconciliación. Por supuesto que era él que había maniobrado todo. Exigiendo ver a Benjamin, esperaba volver a constituir la familia alrededor suyo: guardando a uno con él como rehén, ponía a prueba el amor fraterno de los otros. ¿Iban a abandonar a Simeón como lo habían hecho con él? O ¿Había cambiado su corazón?
De momento, la hambruna aumentaba en Canaán y las provisiones de trigo desaparecían. Egipto vivía sobre las reservas acumuladas por José durante los años de vacas gordas. Para no morir de hambre él y su familia, Jacob, a pesar suyo, tuvo que dejar irse todos sus hijos, incluso a Benjamin. Esta vez, los dos mayores se habían comprometidos a devolverlos todos vivos.
La emoción de José viendo llegar a todos sus hermanos fue indescriptible. Se escondía para llorar de alegría. Los otros todavía no le habían reconocido y hablaban entre ellos, creyendo que no los entendían. Así, José pudo saber de verdad cuales eran sus verdaderas intenciones. Pero, otra vez, los probó, y esta vez a Benjamin en particular, su preferido, el hijo de su misma madre, Raquel, cuando el trato concluyó, el trigo cargado y pagado, hizo que escondieran en el saco de Benjamin su vaso preferido, el que le servía a adivinar los sueños, arte que, ya lo sabemos, dominaba.

                                                                            Marie Noëlle THABUT
Traducido de “Panorama” agosto 2010.

lunes, 6 de junio de 2011

X. Jose reencuentra a sus hermanos.


X. JOSE REENCUENTRA A SUS HERMANOS.
Génesis cap. 41-42.

José tenía 30 años. La suerte le sonreía. Había tan bien interpretado los sueños del Faraón que este veía en ello el dedo de Dios. Aparentemente la historia de las vacas gordas y flacas no era un secreto para ese chico sin instrucción. Sin dificultad había leído el mensaje. Y  el Faraón no tenía más que aprovechar las buenas cosechas para hacer reservas pensando en los años de hambruna. Por eso confió a José mismo la tarea de poner en obra esta sabia política. El preso de ayer se transformó en el hombre fuerte del país, el brazo derecho del Faraón. De hecho, todo ocurrió como lo había predicho y el pueblo egipcio fue preservado del hambre. El agradecimiento del Faraón estaba total. Pero José no perdía la cabeza por eso; sabía muy bien que toda su sabiduría era un regalo de Dios.
Quedaba una sombra; quedaba el problema sin resolver;  si todo iba bien de día, de noche le atormentaba el recuerdo de la animosidad de sus hermanos, la crueldad que había tenido que sufrir al ser vendido como esclavo a una caravana de comerciantes que pasaba por ahí. Pero Dios está aquí. Y los éxitos de José provocaron el reencuentro tan  esperado y temido a la vez. Efectivamente el país de Canaán también sufría  penurias y el hambre reinaba, sin reservas para paliarla.
Llegó el día en que el viejo Jacob mandó a sus hijos a comprar trigo en el país vecino. Se fueron los diez hermanos, estos mismos que habían traicionado a José quince años atrás. Jacob había guardado con él, el más joven, Benjamin. No quería que corriera la misma suerte que su hermano mayor. Jacob, engañado por sus hijos –lo mismo que había engañado a su padre en otros tiempos-  no podía imaginar que José estuviera vivo.
Judá y sus hermanos se presentaron al mayordomo del Faraón para comprar granos. No reconocieron a su hermano en ese personaje tan importante y respetado, pero él, enseguida, supo quienes eran. ¿Cómo comportarse? La desconfianza y el cariño se mezclaban en él. Y además faltaban los más preciados de la familia: Jacob, su padre que lo quería tanto antaño y Benjamin, su hermanito. ¿Cómo atraerle hasta él? Entonces, inventó una estratagema.
Fingió tomarlos por espías y retuvo a uno de ellos mientras los otros iban a buscar a Benjamin. Con esta condición les venderían granos. Los diez hermanos se inclinaron delante del hombre fuerte de Egipto, pensando  que a lo mejor,  estaban pagando su culpa pasada.  José, él, se dio cuenta que uno de sus sueños de niño acababa de realizarse: estaban todos en el campo liando gavillas y la suya se había enderezado mientras las de sus hermanos se prosternaban ante ella.
El sueño se estaba realizando. Pero José no se atribuía ese fácil triunfo. Veía en ello una vez más, la mano de Dios. Entonces se mostró generoso y devolvió a los nueve hermanos cargados con sacos de trigo, provisiones para el camino, e incluso, sin saberlo ellos, escondió en ellas el dinero que habían traído. En la primera parada, se dieron cuenta e inquietos, pensaron que iban a perseguirles acusándoles de robo. Inquietos, volvieron a Canaán.

                                                                                              Marie Noëlle THABUT
Traducido de “Panorama”, junio 2010.  

jueves, 12 de mayo de 2011

IX. José, el hombre de los sueños (2).

IX. José, el hombre de los sueños (2).
Genesis, Cáp. 39-41

Ya lo sabemos, la justicia no es de este mundo: por eso, José se encontraba en prisión, porque la mujer de su amo le acusaba de procurar seducirla. Al contrario, con valor él había resistido a sus tejemanejes. Menos mal que ahí como en cualquier sitio, la Providencia vigilaba y José lo sabía: seguía teniendo una confianza total en su Dios.
Ocurrió que, a su vez, metieron en prisión a dos altos funcionarios del Faraón, el gran escanciador y el gran panadero. ¿Justamente o no? No lo sabremos. De todas formas su angustia era tal que tenían pesadillas de noche.  Una mañana, las contaron a José que aceptó ver si podía interpretarlas, precisándoles que lo hacía contando con la inspiración de Dios.
La primera pesadilla fue la del gran escanciador: se veía frente a una cepa con tres sarmientos llenos de racimos bien maduros. Les sacaba el jugo y lo presentaba al Faraón  que lo aceptaba. Sin dudar un momento, José le predijo que volvería en gracia a los ojos del Faraón. Luego fue la vez del gran panadero cuyo sueño era lo opuesto: se había visto con tres cestos llenos de dulces en la cabeza, esos dulces que gustaban tanto al Faraón. Pero, de momento, se los comían los pájaros. Difícil encontrar una explicación a este sueño, y peor decírselo: las tres cestas significaban los tres días que le quedaban al panadero, y después serían los pájaros los que se comerían su cabeza.  Tres días después, el Faraón dio un gran banquete por su aniversario. Dio la amnistía al escanciador, y colgó el panadero. Todo ocurrió como lo había predicho José, pero nadie se acordó de él y volvió al olvido.
Hasta el día en que el Faraón mismo empezó a soñar: cosas raras, premonitorias sin dudas, pero que ni él, ni nadie alrededor suyo podían descifrar. El primero  eran siete vacas gordas  al borde del Nilo y comían tranquilamente, pero enseguida las seguían siete vacas flacas, esqueléticas, que se las comieron. El Faraón despertó sin entender nada, pero volvió a dormirse. Tuvo otro sueño incomprensible: siete espigas bien llenas salían en un solo tallo, pero enseguida llegaban siete espigas delgaduchas, quemadas por el viento que se las comieron. Esta vez, despertó el Faraón de verdad. Preguntó a toda su Corte, en vano; hasta que el gran escanciador se acordó del servicio dado, hacía tiempo,  por un joven esclavo hebreo que se llamaba José. Este, seguro que sabría interpretar los sueños del Faraón.
Sacaron a José de su prisión, lo afeitaron y vistieron, y lo llevaron al rey.  Ya sabemos lo que pasó. Lo que el gran rey de Egipto, con todos sus asesores no podía entender, el modesto esclavo hebreo lo descifró sin dificultad, solamente porque Dios no abandona nunca los humildes, los que tienen su confianza en Él. A los ojos de José, todo estaba claro: las siete vacas gordas, las espigas hinchadas representaban siete años de abundancia, las vacas flacas, las espigas vacías eran también siete años, pero de hambre. El mensaje estaba claro: el Dios de los Hebreos indicaba al Faraón lo que tenía que hacer para salvar a los Egipcios del hambre. Tenía que aprovechar los siete años de abundancia, para almacenar reservas y poder nutrir a la población durante los siete años de hambruna. Pero ¿Quién sabría aprovechar esa sabiduría?

                                                                       Marie Noëlle THABUT
Traducido de “Panorama”, mayo 2010. 

lunes, 9 de mayo de 2011

VIII José, el hombre de los sueños

VIII  José, el hombre de los sueños.
Génesis cap. 39-40

Jacob estaba de luto. De su hijo querido no quedaba más que una túnica ensangrentada. Lo único que podía pensar es que una fiera lo había devorado. En realidad, todos sabemos lo que él ignoraba; José era víctima de los celos de sus hermanos. Rubén y Judá habían procurado evitar lo peor vendiendo al hermano a unos comerciantes de camino hacia Egipto con sus productos de Oriente cargados en los camellos. ¿Dónde estaban los sueños de grandeza del hijo de Jacob?
Llegados a Egipto, vendieron por segunda vez a José  y éste fue nombrado mayordomo al servicio de Putifar, gran personaje de la corte del Faraón. No estaba mal. En su nuevo oficio, el chico se desenvolvió tan bien que al poco, su amo le confió la gestión de todos sus bienes. Entre las manos del joven hebreo, los negocios prosperaban; un aire nuevo soplaba sobre la casa, el ganado, los campos. Un éxito tan rápido, una tal eficacidad sorprendía todo el mundo. ¿Tenía José un secreto?
Putifar acabó comprendiéndolo; es el Dios de los Hebreos que acompaña a José con su bendición. Como dicen los hebreos, el Señor está con él. Pero todo se estropea cuando la mujer de Putifar se prendó del nuevo servidor. Rápido, despliega todos sus encantos para seducirle. Lo que la mujer quiere, Dios lo quiere, piensa ella. Pero era sin valorar la virtud de José. Ese resiste a las insinuaciones del ama de casa: era el hombre de confianza de Putifar y no quería traicionarle. Eso hubiera sido pecar, y contra su amo, y contra Dios.
Sin embargo la seductora no soltaba su deseo que se volvía obsesión. Creyó alcanzarlo un día que se encontró sola con José y aprovechando la ocasión le asió. Esta vez no podría escapar. Pero a la vez que hermoso y seductor, el joven era fuerte, física y moralmente y escapó de la tentación. Humillada, ella se vengó contando las cosas a su manera, es decir a la inversa de la verdad. “José había querido seducirla, pero, como esposa virtuosa había resistido y él había tenido que huir”.
Se imagina la decepción y la ira de Putifar por la traición de su hombre de confianza. Lo mandó a la prisión.
Menos mal, allí como por todas partes, el Señor estaba con José. El comandante del fortín se dio cuenta rápidamente de las cualidades de organizador del nuevo recluso y, como Putifar antes, dejó entre las manos de José la responsabilidad de los lugares, hombres y bienes. Cuando llegaron dos detenidos de alto rango: el gran copero y el gran panadero del faraón, pusieron el joven Hebreo a su servicio.
Una noche, esos grandes personajes tuvieron sueños tan incompresibles el uno como el otro. A la mañana, José los encontró tristes y cabizbajos. Eran sueños premonitorios y se preguntaban cuáles eran las intenciones del Faraón con respeto a ellos... además se acercaba el cumpleaños del rey y, según la costumbre, se daba un gran festín en palacio. ¿Los iban a invitar? ¿A darles la amnistía? ¿A rehabilitarles? Su impaciencia llena de angustia llegaba a su colmo.
Como no dudaba de la presencia de Dios a su lado, José se atrevió a proponerles para interpretar sus sueños…



                                                                                              Marie Noëlle THABUT

Traducido de “Panorama”, abril 2010

jueves, 14 de abril de 2011

VII. José y sus hermanos

VII  JOSÉ Y SUS HERMANOS.
Génesis cap.37


José tenía un nombre lleno de promesas: Iôseph, en hebreo, significa:”Que Dios añade”. Era el deseo de una mamá al nacer su primer hijo: que Dios añada más hijos al que acaba de nacer. Era  el anhelo de Raquel después de un largo periodo de esterilidad. De hecho, Dios no le dio más que otro hijo, Benjamín, y dándole a luz, murió Raquel cerca de Belén.
José perdió a su madre muy joven, pero, lo mismo que Raquel era la preferida de Jacob, pronto se vio que era el preferido de su padre. No le rehusaba nada, por lo menos eso parecía a sus hermanos. No tenía todavía 17 años cuando su padre le regaló una túnica suntuosa.  Vieron la marca de una ambición desmedida. De hecho José soñaba con grandezas  ¿pretendía imponer la ley?  O como su padre ¿iba a acaparar él solo la herencia?  Sus diez hermanos mayores no se dejarían hacer y un mismo odio, poco a poco, los unía.
Hasta el día en que, con ingenuidad, José siempre demasiado bien vestido, les contó sus sueños. Eran dos, tan grandioso el uno como el otro. El primero se situaba en el campo. Los once hermanos liaban las gavillas, y he aquí que la de José se irguió mientras las diez gavillas de sus hermanos mayores la rodeaban y se prosternaban. Para los hermanos era un presagio más que desagradable. ¡José se imaginaba ya siendo el jefe! El odio crecía.
A pesar de eso, José no resistió al deseo de contarles su secundo sueño, que los ancló en sus temores. Esta vez eran el sol, la luna y once estrellas que se prosternaban ante él. Chocó incluso a Jacob, estaba inquieto. Pero no vio que sus hijos estaban decididos a todo para eliminar al intrigante. Tarde o temprano saldrían su cuenta al pretencioso.
¿Qué hacer? Pensaron matarle, en el campo donde todos trabajaban, empapar la túnica en la sangre de cualquier fiera y llevarla al padre. Pero pasaron unas caravanas y Judá sugirió venderle y así ganarían algo a la vez que se deshacían del hermano. Así lo hicieron. Lo vendieron como esclavo a Putifar, gran dignatario en la corte del Faraón.

viernes, 8 de abril de 2011

El Señor este con vosotros

El Señor este con vosotros.

Al empezar la Santa Misa, y después de hacer el signo de la Cruz, el sacerdote dice: “El Señor este con vosotros” y respondemos “y con tu espíritu”. Puede quedar en un simple saludo, no comprendiendo la profundidad de inicio de la Eucaristía.

En la Misa el sacerdote esta representando a Jesucristo, o sea que nos dice: Estoy  contigo, Julio, Ana, Dámaso, Raquel, Antonio… (Que cada uno ponga su nombre ¿no es maravilloso?). Jesús no vino para salvar al hombre, sino a cada persona, individual.

El ángel S. Gabriel lo primero que dijo a María: “Salve, llena de Gracias, el Señor esta contigo” (Lc 1, 29) Esto, creo, que no es casualidad: el mismo saludo. La Virgen María “se turbo ante estas palabras.” (Lc 1, 30); Yahvé solo se había manifestado a su pueblo a través de los profetas, un Dios lejano al hombre, entonces ¿Qué era aquel saludo?.

Nosotros le contestamos: “y con tu espíritu”. Se puede no entender esta contestación; Maria se turbo, pero nosotros sabemos que el Señor esta dentro cada uno, por esto le respondemos esto: su espíritu es la Iglesia, pertenecemos a la Iglesia.  María es Madre de la Iglesia.

EL CIRIO PASCUAL Y LA VIDA DEL CRISTIANO

EL CIRIO PASCUAL Y LA VIDA DEL CRISTIANO


Desde la noche de la Vigila Pascual preside nuestras celebraciones, en un reinado que dura cincuenta días en la liturgia, el cirio pascual. Una presencia en el altar, en todas las iglesias católicas, que se convierte, en los días de Pascuas, en magisterio mudo y simbólico en lo que es la vida nueva del cristiano resucitado.
El cirio pascual nos habla de una lección de trabajo. Cirio viene de la cera. La cera es el resultado de un trabajo infatigable de miles de abejas para reunir esos kilos de cera del cirio. Idas y venidas. Aportaciones pequeñas, fruto de un enjambre en constante actividad. Una lección de trabajo que nos llama a gastar para Dios en nuestra actividades todas nuestras fuerzas, habilidades y talentos, sin robarle nada.
 El cirio, indirectamente, nos enseña dulzura. Del panal de cera exprimido salió la miel que guardaban esas celdillas perfectísimas. Una dulzura que en la vida del cristiano resucitado se traduce en dulzura de caridad fraterna: sin odios ni amarguras, sin palabras desabridas, sin brusquedades, sin egoísmos ni pasiones. “La caridad es benigna, no es envidiosa. No se engríe, no es descortés, no se irrita, todo lo excusa, todo lo perdona, todo lo cree, todo lo espera” (1 Co 13).
Una tercera lección para la meditación pascual desde la contemplación del cirio pascual es la pureza. El cirio es puro y limpio, como una columna de marfil. Así lo debe ser nuestra alma y nuestra vida. La cera virgen del cirio pascual nos recuerda la pureza y la limpieza del alma con la que debe estar adornada la vida del Hijo de Dios, del que es templo de la Santísima Trinidad, del que a diario comulga al Cordero inmaculado, Jesucristo Eucaristía.
El cirio nos habla de rectitud. Vertical y fiel a la plomada, marca la única dirección verdadera. Su actitud nos habla del cumplimiento del deber, de justicia, de fidelidad. Así, el camino hacia Dios debe ser recto y continuo, sin desviarnos por gustos, por afectos colaterales ; sin desviarnos, por respetos humanos, sin desfallecer, con constancia.
El cirio, con su presencia, nos habla de desprendimiento. En alto, desprendido del cielo , aspirando al cielo como los cipreses. Es la vida del resucitado, la vida de esperanza, de desprendimiento de los que no tenemos aquí nuestra ciudad y patría permanente, sino que vivimos como de pasada, en una noche, en una tienda de beduinos, que nos hace desinstalarnos de nosotros mismos. “Si habeis resucitado con Cristo, buscad las cosas de arriba”(Col.3,1)
El cirio habla tanbien de sufrimiento. Es semejante a un pino que sangra. Su piel, en la noche de Pascua ha sido rasgada por el punzón  y, en él, se ha grabado una cruz : “Cristo, Alfa y Omega”.. Ha sido taladrado por cinco llagas, con cinco clavos agudos, que llevan cera e incienso. El cirio es imagen de Cristo, espejo de lo que debe ser el cristiano fiel. El emblema del cristiano es la cruz. Hace falta seguir pidiendo luz para entender esa cruz y llegar, como San Pablo, a embriagarnos con ella, gloriándonos en Jesucristo crucificado (Gal.6,14) ¡Cuantas lecciones da el cirio pascual!
Otra de ella, y no la menor, es la del amor. La vocación del cirio, durante el tiempo pascual es arder. Ser una llama cálida, silenciosa, que corona esta figura blanca. Toda la cera del cirio es para alimentar esa llama. La vocación del cristiano resucitado es arder, arder de amor, que es lo más noble, bello y grande. Amor a los hermanos y amor a nuestro Dios. Amar el Amor. Negarnos y perdernos en El.
El cirio continua hablándonos de redención y luz. Ilumina a todos los que lo rodean. El cristiano está llamado a ser faro apostólico, a irradiar a los que viven en su entorno con criterios, con palabras, con vida evamgélica, con el ejemplo, transpirando el buen olor de Cristo que hemos aspirado antes de la noche pascual. Muchos encontrarán así, en nosotros luz en el camino.
El cirio habla tambien de soledad. Está solo. Aislado en el presbiterio, alejado de las velas y luces. El cristiano resucitado tambien atraviesa soledades afectivas, la incomprensión, el abandono, la lejanía de los amigos. Todo ello son pruebas permitidas por el Señor. Pero este despojo trae la compañía presente de Dios. Se da el salto de gigante : desde la máxima pobreza y vacío si aguardamos  con paciencia. El cirio es el Rey de la noche pascual. El Rey de la noche oscura, de las tinieblas y oscuridades. Sabemos que al final de la noche despunta y se levanta la aurora.
Por último, la lección de holocausto. Como el incienso se quema totalmente en el incensario para subir a Dios, para perfumar de buen olor e irradiar ese aroma, así se quema el cirio totalmente para dar luz. La cera se va fundiendo poco a poco. Va subiendo por las fibras del pábilo hacia lo alto para quemarse. Pasan los días y el cirio irá menguando, gastándose en el servicio de Dios. Algo así debe ser la vida del cristiano : consumida y quemada en holocausto para Cristo, en su honor, servicio y alabanza.
Muchas lecciones que merecen ser contempladas y meditadas. Son la perspectiva que abre el día del triunfo de Jesucristo.


Copiado de “Magnificat”.

martes, 5 de abril de 2011

VI La vuelta de Jacob.

VI  LA VUELTA DE JACOB.
Génesis 30-36

Jacob iba pues de vuelta, pero no sin preocupación. No ignoraba que su suegro le pisaba los talones para pedirle cuenta. Y en cuanto a lo que le esperaba en su país, tampoco estaba muy tranquilo. Al cabo de 20 años ¿su hermano Esaü habrá olvidado su maniobra? Por un lado como del otro, Jacob sabía que arriesgaba su porvenir. Una cosa cierta: Dios no le abandonaría. Esa convicción le ayudaría en las pruebas que le esperaban.
De momento, se daba prisa todo lo posible con su numeroso séquito: dos mujeres y sus siervas, once hijos y su innumerable rebaño. Pero Laban no tardó en alcanzarle. ¿Esperaba recuperar una parte de los bienes que se llevaba Jacob? No se atrevo a decir nada: Dios acababa de prohibirle todo reproche. Solamente reclamó sus estatuas: por casualidad en ese punto, Jacob era inocente. Raquel se las había llevado sin decir palabra. Así que Jacob, de buena fe, autorizó a su suegro a rebuscar por toda parte; para disimular Raquel no tuvo más que una solución: sentarse encima y pretextar estar enferma para no levantarse... Para recobrar (la face)   Laban propuso una alianza: ofrecieron un sacrificio y todo terminó por una buena comida.
Quedaba lo más difícil: Esaü. Jacob esta vez tenía realmente miedo. ¿Cómo ablandar su hermano mayor al que había robado tan rotundamente?  Y ¿Cómo conocer su humor? Le mandó primero, una embajada para anunciar su vuelta y proponer una alianza. De paso, los emisarios hablarían de la riqueza del amo, y se calcularía la fuerza de la otra parte. Las novedades no eran tranquilizadoras: Esaü también se estaba encaminando y con una escolta de 400 hombres. Jacob reflexionó. Ya que era una querella por la herencia, a lo mejor sería bueno hacer importantes regalos. De cada uno de los rebaños de cabras, ovejas, camellos, vacas y burras, eligió varios centenares de animales para su hermano. Los pastores tenían la orden de presentarse a Esaü uno tras el otro, a buena distancia uno del otro, cuestión de dar tiempo para reflexionar al que se quería suavizar. Además de esas precauciones, Jacob, angustiado, se atrasó más todavía.
Fue cuando tuvo un encuentro misterioso que debía marcarle de por vida. Por la noche, solo, al borde de un riachuelo, el Yabboq, se sintió atacado por un desconocido. El combate duró toda la noche: Jacob peleó sin desfallecer, pero al alba un último golpe de su adversario le desencajó el fémur. Desde ese día, Jacob se quedó cojo. Al irse, el agresor rehusó decirle su nombre, pero se reveló acordando a Jacob su bendición a la vez que le daba un nombre nuevo: “Ya no te llamarán Jacob, sino Israel, pues has luchado con Dios y con los hombres y has ganado”. Bendecido, y cojo, ese fue el destino de Jacob y sus descendientes. Reemprendió su ruta, pasó el vado del Yabboq y se preparó para encontrar a su hermano. Ya no le temía ni a nadie porque había visto a Dios cara a cara y seguía vivo.
El encuentro de los dos hermanos fue sin calor excesivo, pero, prudentemente, uno y otro deseaban la paz. Jacob se presentó como vasallo, precedido por sus ofrendas y multiplicando los agasajos. En cuanto a Esaü le gustó el papel de soberano y concedió su benevolencia a la vez que aceptaba los regalos. Se separaron. Esaü volvió a su país, Edom, al sur del Mar Muerto, y Jacob entró en Canaán y se afincó en Sichem.


                                                                                  Marie Noëlle THABUT

Traducido de “Panorama”, febrero 2010.

viernes, 1 de abril de 2011

V La vuelta de Jacob.

V La vuelta de Jabob.
Génesis, 30-36.

Pero Jacob, al final deseó volver a su país. Su hacienda había prosperado, su familia también. Pero ¿Labán, su suegro, le permitiría irse? Nada seguro. Jacob le había dado numerosos nietos que serían otros tantos obreros agrícolas. Además parecía tener una habilidad especial con el ganado. Entonces empezó una lucha sorda entre los dos hombres, con sonrisas por supuesto. Si Jacob estaba decidido, Labán tendría que dejarle ir. Pero sin nada.  Feliz si pudiera llevarse a sus dos mujeres, sus dos sirvientes y la patulea de niños. Jacob no lo entendía así: se iría como lo había decidido, pero además de su familia se llevaría la parte del ganado que pensaba ser suya, y calculaba generosamente a su favor.
Pero ninguno de los dos hombres dijo al otro el fondo de sus pensamientos. Muy al contrario, fue un asalto de cortesías. El suegro se mostró generoso, el yerno desinteresado. Pero los dos sabían hacer cuentas. Jacob no pidió ningún salario menos los animales cuyo pelaje fuera rayado y manchado. Sabía como pueden nacer rebaños enteros así. (No nos olvidemos que en esa época, se creía a todo trance en las prácticas mágicas). El suegro, con elegancia, aceptó esta condición, pero prudentemente la noche siguiente se llevó a tres días de marcha, la totalidad de los animales rayados o manchados. Eso no sorprendió a Jacob – con razón habían vivido veinte años juntos-  pero sabía como replicar. Le bastaba preparar varitas de madera rayadas, y colocarlas en los abrevaderos. Inmediatamente las hembras tendrían retoños rayados o manchados. Pronto en el campo se reconocía el rebaño abigarrado de Jacob mientras el de Labán era mucho más discreto, contando incluso con los que se había reservado en secreto. En la casa el ambiente cambiaba. Los hijos de Laban veían disminuir su herencia. Jacob lo sentía. Había que irse.
 Entonces Dios volvió a aparecer. Le recordó a Jacob su promesa de la noche de Bethel:”Estoy contigo y te guardaré adonde vayas. La tierra donde estás acostado, te la daré a ti y a tu descendencia. Volveré a traerte a esa tierra y no te abandonaré hasta cumplir lo que te digo” (GN 28). Entonces aprovechó una ausencia de Laban para levantar el campo, él, sus mujeres, sus hijos, sus sirvientes y sus numerosos animales. Dejando Harran, se dio prisa en cruzar el Eufrates e ir hacia el Jordan. Pero… Raquel no había podido dejar atrás las estatuas de sus ídolos preferidos  y fue un pretexto maravilloso para que Laban los persiguiera. Las cosas se volvían dificiles, pero Dios los protegía.


                                                                                              Marie Noëlle THABUT

Traducido de “Panorama”. Enero 2010

martes, 29 de marzo de 2011

IV Jacob y sus hijos (2)

IV  Jacob y sus hijos (2)
GENESIS cap.25-30

Hemos dejado a Jacob al borde de un pozo en Harran. Acaba de encontrar a Raquel, y su corazón  se inflama. Desde ese día tendrá por ella una ternura sin fin que nos lo hace simpático. Espontáneamente, la joven invita el extranjero a su casa. Se encuentra con Laban, primo de Isaac y hermano de Rebecca. Este segundo encuentro con su tío abre un periodo algo dudoso. Efectivamene Laban, con una fachada sonriente, es más decidido y astuto que Jacob, y no necesita la bendición divina. Pronto vamos a saber que no solamente tiene una hija casadera, sino dos.
Según las costumbres de la época, es el joven quien tiene que pagar la dote. Jacob no tiene nada, nada más que sus dos brazos vigorosos. Él mismo propone a su futuro suegro ponerse a su servicio durante siete años. ¡Bien lo vale Raquel!
Dicho y hecho, por lo menos de parte de Jacob, y más tarde se contará que esos siete años le parecieron algunos días. Su amor por Raquel bien lo valía. Por fin, llega el día de los esponsales. Laban invita a la gente de alrededor y parientes y da un gran banquete. A la noche, conduce a su hija en la camara nupcial, la puerta se cierra, y es así como se convierte en  yerno de Laban… pero no en marido de Raquel. Cuando se levanta el día, Jacob descubre con estupor que su mujer no es la que creía: es Lea, la mayor. Comprende entonces que Laban es más astuto que él.
Despues de una fuerte discusión, y como la poligamia está autorizada en aquella época, Laban acepta darle a Raquel contra otros siete años de leales servicios. Menos mal que al cabo de una semana puede casarse con la que quiere.
Entonces la cuestión es quién tendrá la primera de las dos un hijo. Curiosamente no es la preferida quien los tiene. Lea tiene año tras año a Rubén, Simeón, Levi y Judá. Entonces Raquel tiene una idea. Como hizo Sara, la abuela de Jacob, autoriza la unión de su sirvienta con su marido y a su tiempo dos bebés están depositados en las rodillas de Raquel que se convierte en su madre: Dan y Neftali. Lea sigue con tres hijos: Isacar y Zabulón, y una hija, Dina.
Por fin, los ruegos de Raquel son escuchado por Dios y trae al mundo un hijo que llamará José que quiere decir “Dios nos dará más”, y efectivamente, cuando vuelvan a su país, tiene otro hijo: Benjamín.


                                                                                   Marie Noëlle THABUT

Traducido de “Panorama”, diciembre 2009

jueves, 24 de marzo de 2011

Daros mutuamente la Paz

Esta vez yoy a hablaros de un momento de la Misa que a mi en particular no me gusta: el darse la paz. Lo veo totalmente ridículo pues nos damos la paz entre nosotros o, al de al lado que no conocemos. Pero ¿qué pasa con el vecino de abajo que pone la tele a todo volumen?, ¿qué hay de nuestro jefe que quiere el trabajo para “ayer”?,  Que cada uno se aplique donde mas le duela.

Cada vez que doy la paz procuro pensar en personas que de verdad necesito dar la paz; este es el verdadero sentido de darnos la paz antes de recibir al Señor, o por lo menos para mi.  La próxima vez que deis la paz pensar en .... (Mt 5, 44-48)

Pero yo os digo: Amad a vuestros enemigos, bendecid a los que os maldicen, haced bien a los que os aborrecen, y orad por los que os ultrajan y os persiguen; para que seáis hijos de vuestro Padre que está en los cielos, que hace salir el sol sobre malos y buenos, y que hace llover sobre justos e injustos. Porque si amáis a los que os aman, ¿qué recompensa tendréis? ¿No hacen también lo mismo los publicanos? Y si saludáis a vuestros hermanos solamente, ¿qué hacéis de más? ¿No hacen también así los gentiles? Sed, pues, vosotros perfectos, como vuestro Padre que está en los cielos es perfecto.

lunes, 21 de marzo de 2011

III.- Jacob y sus hijos.

Génesis cap. 25-36


Oímos con frecuencia el nombre de Jacob en la trilogía conocida: “El Dios de Abraham, Isaac y Jacob”. Cada vez que  se quiere fortalecer la fe de las personas de la Biblia: el Dios que, en el pasado, ha guardado su fidelidad hacia estos tres patriarcas, la guardará por siempre hacia todos sus descendientes. Y, es sobre todo hacia Jacob que esa fidelidad de Dios es la más admirable.
Jacob no era un monaguillo, muy lejos de eso. Se dice incluso que ¡empezó a pelearse con su hermano en las entrañas de su madre! Eran gemelos. Nacido después de su hermano, era naturalmente considerado como el segundo, sin embargo la primera meta de su existencia fue suplantar a su hermano para recuperar la herencia. ¿Era tan rico su padre Isaac? Si y no.
Nómada, no tenía territorio y no conocemos la importancia de su ganado. Pero todos sabían que, al día señalado, trasmitiría a su hijo mayor la famosa bendición de Dios que acompañaba a su familia desde Abraham. Esaú, el hijo mayor, esperaba pues con paciencia lo que le pertenecía por derecho y se comportaba de forma a complacer a su padre. Pero Jacob estaba decidido. Para llegar a sus fines tuvo que actuar en dos tiempos: primero adquirir una apariencia de legitimidad comprando a su hermano su derecho de primogenitura. Un día que Esaü volvía de cazar, agotado, hambriento, se abalanzó sobre el plato de lentejas preparado por su hermano. Jacob entonces propuso el trueque: la primogenitura contra las lentejas. Aceptado. La segunda etapa fue más peliaguda y Jacob tuvo que obrar con astucia, aprovechándose de la debilidad del viejo Isaac. Ese, ciego, y Rebeca, la madre, prefiriendo a Jacob,  le ayudó a substituir a Esaü. Isaac, engañado, pronunció de buena fe la famosa bendición.
Descubriendo el engaño, Esaü fue invadido por la ira, la desesperación y el odio hacia su hermano. Pero no se invoca en vano el nombre de Dios: “Le he bendecido y bendito será” decidió el padre.  Notaremos que Dios mismo acepta comprometerse por la palabra de los hombres… incluso cuando está pronunciada en falso. Desde entonces, el odio, sea activo, sea dormido, no va a cesar jamás entre los dos hermanos, sus familias y sus descendientes. 
Para alejar a Jacob de su hermano, Rebeca lo mandó a buscar una esposa al país de sus padres, a Harran, donde estaban establecidos los parientes de Abraham. ¡Una mujer escogida en la familia es la mejor garantía para la transmisión de los valores familiares! Jacob se va hacia lo desconocido, solo. Pero no totalmente solo: Dios le acompaña porque la bendición, incluso robada, sigue valida. Dios es fiel. “no sabría negarse a él mismo” dirá más tarde S. Pablo.
Una noche, en Betel, cuando se ha instalado para dormir a cielo raso, Jacob tiene una visión: una escala une cielo y tierra, unos ángeles de Dios suben y bajan. Luego Dios mismo le aparece repitiendo palabra por palabra la promesa hecha a Abraham e Isaac: una descendencia numerosa como el polvo de la tierra y el país de Canaán para vivir en paz.  Al alba, Jacob, tranquilizado, exclama: “Realmente, era el Señor, y no lo sabía”. Sigue su ruta más seguro, prometiendo adoptar ese Dios a la vuelta si vuelve sano y salvo. A su llegada cerca de Harran, tiene un encuentro inolvidable: es su prima, es hermosa, se llama Raquel.


                                                                       Marie Noëlle THABUT

Traducido de “Panorama”, noviembre 2009